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FIBA 2015 tuvo calidad, pero ya no deslumbra
La compañía sudafricana Third World Bunfight presentó el domingo en el Colón el “Macbeth” verdiano, en versión reducida.
Esta pieza de teatro musical calificarla de "ópera" sería entrar en conflicto con los fanáticos del género- fue ovacionada por el público teatrero con justa razón, dado que recrea con coherencia y gran sentido del show los principales personajes, temas y arias de la ópera de Verdi. Ésta fue reducida a una hora y media de duración, se la adaptó a una orquesta de cámara de doce instrumentos y algunas de sus arias fueron intervenidas por el compositor Fabrizio Cassol, con arreglos de ritmo "étnico" y contagioso. Diez cantantes africanos demostraron una apreciable riqueza vocal, en especial la soprano Nobulumko Mngxekeza en el papel de Lady Macbeth.
La acción, basada en la tragedia de Shakespeare, fue reubicada en la convulsiva Africa de hoy para denunciar las guerras incontrolables, la corrupción y el colonialismo que a través de las multinacionales explota los recursos de los países africanos y alimenta su inestabilidad. La participación de algunos ex refugiados congolenses acentuó la fuerza testimonial de la versión, que pese a ello se destacó por su humor y su colorida mezcla de video, arte pop, gráfica contemporánea y diseño africano.
Third World Bunfight logró su cometido de entretener e informar al público sobre una realidad que sigue siendo invisible al resto del mundo.
La programación internacional del FIBA no tuvo altibajos, pero tampoco se vieron espectáculos que deslumbraran al público. Hubo un tiempo en que llegaban al FIBA verdaderos hitos de la escena mundial. Pero, debido a las abismales diferencias cambiarias y al reducido presupuesto festivalero eso ya no es posible desde hace años. Los espectáculos de mayor trascendencia que hoy vienen a Buenos Aires lo hacen dentro del circuito comercial. Sirva como ejemplo, "The Old Woman" de Robert Wilson, que se ofreció el año pasado en el Teatro Opera con la actuación de Willem Dafoe y Mikhail Baryshnikov, pero a un precio de boletería imposible para un festival como el FIBA.
Pese a estas limitaciones, debe celebrarse la continuidad del FIBA, que desde 1997 ha logrado mantenerse más allá de los vaivenes económicos y políticos del Gobierno de la Ciudad. "Podemos decir que el FIBA es un festival definitivamente consolidado", declaró su director artístico, Darío Lopérfido. Y agrega que la programación debe ser vista, al menos bajo su curaduría, como "un ejercicio intelectual, un espacio de reflexión que interpela al espectador y lo aleja de la lógica simplista de considerar al FIBA una mera sucesión de propuestas escénicas que pueden gustar más o menos".
Justamente, uno de los aspectos más destacados de esta edición fue el debate y relectura de temas asociados a la integración de culturas (hubo muchos elencos multiétnicos), la discriminación de los más débiles, el post-colonialismo, el drama de la migración, la huella de las dictaduras en América Latina, etc. Como siempre la Programación Nacional reunió trabajos de talentosos creadores como Ricardo Bartís, Mauricio Kartun y Federico León, entre otros. La buena noticia es que más de cincuenta programadores internacionales vinieron invitados, reforzando así la idea de que el FIBA es una plataforma de exportación para el teatro argentino.


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