19 de diciembre 2008 - 00:00

Final de película

Momento en que Sebastián Minoyeti, director de Control de Gestión de Telefónica Movistar, entrega la Copa Movistar a Pablo Mac Donough. de la Ellerstina.
Momento en que Sebastián Minoyeti, director de Control de Gestión de Telefónica Movistar, entrega la Copa Movistar a Pablo Mac Donough. de la Ellerstina.
Todavía se sigue comentando la electrizante final del Campeonato Abierto de Polo Movistar. Cumplió con lo esperado. Los equipos no pararon de competir. Desde el comienzo, Ellerstina se jugó entero a romper la hegemonía del tricampeón La Dolfina. Entró ganando. El equipo de los Pieres venía agrandado por haber cosechado ya el Abierto de Tortugas. Pero La Dolfina, un equipo por entero de handicap diez, iba con muchas ganas por el tetracampeonato. Y el partido fue de tensión permanente. Iban de empate en empate, chukker a chukker. Tuvo su momento dramático cuando la figura más reconocida mundialmente de La Dolfina, Adolfito Cambiaso, se lesionó en una pierna y puso en suspenso su continuidad en el encuentro. Pero el número uno del conjunto de Cañuelas, aunque renqueando, volvió a la cancha. Acaso eso explique que, esta vez, con sus siete goles, haya quedado como goleador atrás de Facu Pieres, con ocho.
Uno de los goles de Cambiaso fue espectacular, el del penal que concretó a cinco segundos del final. Estaban 12 a 12. En una jugada a toda carrera, Gonzalo Pieres entró con bizarría por la izquierda e incrustó la bola entre los mimbres desde casi media cuadra. La Catedral del Polo vibró, aun los fanáticos de La Dolfina se largaron a un merecido aplauso. Pero lo más interesante es lo que pasó en la cancha uno de Palermo. Los estadios estaban repletos. Hubo más de veinte mil personas. Y lo que viene ocurriendo año a año, cantitos futboleros, bombas de estruendo, griterías, redobles, banderas al viento, duelo de hinchadas. Una mujer que estaba junto a la esposa de Robert Duval dijo: «El problema es para los caballos, que no están acostumbrados a todo esto». Y lo dijo justo cuando desde un balcón un grupo de muchachos entonaba -con la música habitual de ciertos actos políticos muy poco de polo- una alabanza al único nueve de handicap, ese de la Ellerstina al que le cantaban Neró, Neró, qué grande sos.
Por si esto fuera poco, al concluir el partido, como no suele ocurrir, la gente invadió la cancha, vitoreando al equipo triunfador. Y vino la entrega de premios. El último en llegar fue, debido a su golpe, el genial Adolfo Cambiaso, con su mujer, María Vázquez, y sus hijos, y con mucha hidalguía fue directo a felicitar a los Pieres, a Pablo Mac Donough, y darle un merecido abrazo a Juan Martín Nero.
El local de Movistar, que repartió entre sus invitados sombreros, gaseosas y empanadas, fue uno de los más concurridos. Se vio allí celebrities de todo tipo. Produjo una conmoción cuando se paseó Luciana Salazar, a pesar de sus tremendos anteojos negros. Se vieron, entre muchos otros, a Soledad Solaro, Jimena Barón, Cecilia Bonelli. Los representantes de Movistar que estaban allí se cansaron de recibir felicitaciones por el magnífico Campeonato de Polo que lleva el nombre de la empresa y que tiene la mayor fama mundial.