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Final: zelayistas admiten derrota y dejan de pelear
Manuel Zelaya, ayer en la Embajada de Brasil. El depuesto, el de facto (Roberto Micheletti) y el electo (Porfirio Lobo) son los tres presidentes de Honduras; Una mujer llora durante un encuentro del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado.
El Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado dio ayer por terminada su lucha por la restitución en el poder de Zelaya, mientras que Lobo pidió constituir un Gobierno de unidad nacional.
Por su parte, el secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de EE.UU., Arturo Valenzuela, dijo que su país estaba «decepcionado» por la decisión del Congreso de no permitir el regreso de Zelaya para terminar su mandato a fines de enero. «Estados Unidos tenía la esperanza de que el Congreso aprobase su retorno», dijo el funcionario.
Valenzuela recalcó, no obstante, que la deliberación de los legisladores sobre el futuro del mandatario derrocado fue realizada de manera «transparente y abierta», y se llevó a cabo conforme al punto 5 del Acuerdo Tegucigalpa-San José, alcanzado al amparo de una misión estadounidense.
«Aún falta un trabajo importante para restablecer un orden democrático y constitucional en Honduras, y promover la reconciliación nacional luego del golpe de Estado del 28 de junio, dado que el statu quo actual sigue siendo inaceptable», agregó.
El movimiento de resistencia, que mantuvo una amplia movilización popular desde el 28 de junio, cuando los militares derrocaron a Zelaya, se reunió ayer en asamblea, pero no marchó por Tegucigalpa, como había venido siendo habitual, y decidió convocar una reunión este fin de semana para definir la estrategia que seguirá a partir de ahora.
«Hemos cerrado este capítulo con la restitución del presidente Zelaya, que no se dio», dijo Juan Barahona, el coordinador de este movimiento popular, después de la decisión del Congreso. Barahona admitió que, aunque esperada, la decisión del Congreso supuso una decepción para el Frente y que no se manifestaron en las calles porque presentían «que un resultado negativo en el Congreso iba a golpear los ánimos de la gente».
Aseguró que «es muy poco lo que queda por hacer», porque «apenas faltan dos meses» del mandato presidencial de Zelaya, que finaliza el próximo 27 de enero, cuando asumirá el poder Lobo, del opositor Partido Nacional.
La mayoría de países de la comunidad internacional no reconoce los comicios del domingo por considerar que se realizaron en un marco de una ruptura constitucional por el derrocamiento de Zelaya, cuando éste iba a celebrar una consulta popular para promover una asamblea constituyente, declarada ilegal por la Corte.
«Ahora la lucha es por la constituyente», para lo cual «nos preparamos para un próximo proceso electoral y participar con la unidad y la fuerza de la Resistencia con el objetivo de tomar el poder», explicó Barahona.
Como contracara, Zelaya llamó a los hondureños a derrocar al Gobierno de facto que lo sucedió tras el golpe de Estado. «La democracia hondureña ha muerto lamentablemente», dijo a la local Radio Globo, desde la Embajada de Brasil en la que se encuentra refugiado. «Hago un llamado al pueblo a que se mantenga en la lucha, a que se mantenga en la resistencia, hago un llamado al pueblo para que derroquemos esta dictadura de cualquier manera», agregó el presidente depuesto.
Pese a todo, Lobo instó al presidente de facto, Roberto Micheletti, y a Zelaya a la formación de un Gobierno de unidad nacional para cumplir totalmente con el acuerdo de Tegucigalpa-San José y así, dijo, destrabar las relaciones y la ayuda internacional. Hipótesis que representa un absurdo a la vez que imposible.
Agencias EFE y Reuters

