10 de julio 2009 - 00:00

Fondos de inversión vuelven al campo

Fondos de inversión vuelven al campo
Animada por la crisis financiera global, la agricultura pasa a ser considerada una alternativa interesante para los fondos de inversión institucional de Estados Unidos, Europa y Asia. Ya no se trata de proteger de la inflación los activos financieros de los inversores, sino también de alcanzar rendimientos mayores que los que ofrece el mercado, con miras en el mediano y largo plazo.

Producto del aprendizaje forzado de esta crisis, los fondos de pensión, hedge funds, fondos familiares y de inversión general están mirando a los activos reales de la economía como alternativas más atractivas.

Países como Estados Unidos, la Argentina, Brasil y Ucrania, con claras ventajas comparativas y competitivas en estos temas, están bajo la lupa de los inversores, como se pudo apreciar en el seminario Global AGinvesting 2009, que congregó en Nueva York a los principales fondos de inversión, hedge funds, mayores grupos productores del planeta e industrias relacionadas.

¿Por qué invertir en agricultura? Básicamente, el comportamiento de estas inversiones mantiene una correlación positiva con la inflación y negativa con otras inversiones en activos, como deuda corporativa de largo plazo, Letras del Tesoro americano y las acciones de las principales compañías. Para los fondos, el atractivo está entonces en reducir el riesgo y la exposición de sus carteras tradicionales.

Si bien la participación relativa de las inversiones en agricultura, tierras y ganadería oscila hoy entre del 3% y el 10% de sus carteras de inversión, se esperan importantes inversiones en el corto plazo. El crecimiento demográfico y económico mundial las expectativas alcistas para el mediano plazo en petróleo y commodities alimentarios, la necesidad de minimizar riesgo y reducir la volatilidad a sus portfolios son algunos de los argumentos que justifican el ingreso al negocio de activos reales del campo.

Adicionalmente, quienes ya estuvieron involucrados en el negocio observaron la notable apreciación de sus inversiones inmobiliarias en tierra, no sólo por la reconversión a producciones más rentables, sino también por su condición de factor escaso en un mundo cada vez más demandante de alimentos. En el estado de Mato Grosso, Brasil los campos ganaderos convertidos a soja se aprecian un 47%, y las destinadas a algodón en Bahía lo hacen en un 115%.

Cuando se trata de decidir entre ganadería y agricultura, los ojos están puestos en el mercado agrícola (oleaginosas), alrededor de 2/3 de sus inversiones tienen ese destino. En este sentido, se observa que para 2018-19, la demanda de oleaginosas crecerá de modo considerable, alentada por: 

  • Aumento en la demanda de aceites vegetales asociado al crecimiento del PBI, especialmente en países como India o China, donde el aumento per cápita de los ingresos trae aparejado el incremento del uso de aceites comestibles.

  • Crecimiento esperado en la demanda de biocombustibles. Según estimaciones del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), para 2018/19 el uso de aceites vegetales para este destino pasará de los actuales 13 millones de toneladas a 22 millones.

  • Mayor demanda de harinas y subproductos para la alimentación animal, asociado también al crecimiento demográfico y a la evolución del PBI.

  • Entre el uso industrial de los aceites y el alimenticio se estima una demanda de más de 50 millones de toneladas para 2018/19, según las estimaciones de Bunge Ltd.

  • Unos 62 millones de toneladas más de harina de soja serán necesarios para suplir la alimentación animal; por lo tanto, se deben incorporar 78 millones de toneladas de soja. Equivalente a 31 millones de ha adicionales, es decir, otro Estados Unidos o 1,5 vez la producción de la Argentina.

    Hoy los inversores miran hacia los cinco continentes, se asocian con los grupos locales, y realizan inversiones a largo plazo. Se observa el nacimiento de las multinacionales de producción agropecuaria. Hasta ahora, hubo una regionalización de los grupos locales y extranjeros que se extendían desde la Argentina hacia Brasil, Uruguay y Paraguay. Lo próximo es la mundialización de la producción con el ingreso de países como Ucrania, Rusia y Kazajistán a la agricultura moderna. Se abre así un abanico de posibilidades para la Argentina en un nuevo escenario de producción global.

    (*) Consultor en agronegocios
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