27 de noviembre 2008 - 00:00

Forcejeos por control de consejo de jueces

Ernesto Sanz
Ernesto Sanz
El Consejo de la Magistratura suspendió anoche la votación que hoy debía definir su nuevo presidente. No hubo consenso entre los consejeros que integran ese cuerpo. La combinación entre la ausencia de un candidato fuerte del oficialismo y la escisión interna en los diferentes estamentos sobre qué candidatos los representarán en la elección general hicieron que la discusión pasara a cuarto intermedio. Este año los consejeros están más reacios que nunca a mostrar sus cartas. Llegó la hora de dejar de lado las decisiones políticamente correctas y enfrentar una disyuntiva insoslayable: un opositor al gobierno era (hasta ayer) el candidato más fuerte y «esperable» para ocupar la presidencia.

El organismo creado para la selección y evaluación de magistrados está compuesto por representantes de los tres poderes, de las universidades y de los abogados que intentan equilibrase entre sí.

Durante los últimos dos años, los consejeros habían logrado llegar a una solución políticamente correcta para la elección de sus presidentes: el primero fue el abogado Pablo Mosca y el que ahora finaliza su mandatoes el representante académico Mariano Candiotti.

Ni los abogados ni el representante académico son opciones para este año. Quedan los jueces y los legisladores, lo que hace más compleja la decisión. Quizás intentando ganar de mano, el año pasado el juez consejero Miguel Angel Gálvez, no bien fue elegido Candiotti como presidente, afirmó su postura de que el Consejo fuera «conducido por alguien de casa».

  • Fortaleza

    Luis María Cabral es, sin duda desde la ideología, la figura más fuerte que surge del panorama de los jueces: claro opositor al gobierno, obtuvo la mayor cantidad de votos en su momento para ser consejero, en oposición al camarista Luis María Bunge Campos, quien plantea una postura más dialoguista con el oficialismo.

    Los que nunca van a aceptar esta opción son los consejeros oficialistas, por supuesto. Por eso, e incluso frente al riesgo de desorganizar ese inestable equilibrio de poderes, el mapa de opciones se ha abierto en la búsqueda de otro candidato. Así surgieron los rumores de la consejera diputada Diana Conti (actual vicepresidente del Consejo) como posibilidad, aunque ella misma se encargó de descartar esa opción: «No creemos que el oficialismo tiene que tener la presidencia de la Magistratura», aseguró. Una decisión que sin duda traería una catarata de críticas de la oposición al ya vapuleado Consejo.

    Así surge nuevamente la ya no tan efectiva elección salomónica: nuevamente un abogado, esta vez Santiago Montaña, joven consejero de la Magistratura en buenas relaciones con el kirchnerismo. La pregunta es si este candidato puede contrarrestar el peso político y currículum de un Cabral, y en qué medida va a alterar el clima en el Consejo el quiebre del equilibrio entre los estamentos.

    Una nueva opción surge del panorama, en vistas de las posturas inflexibles tanto de parte de Cabral como del oficialismo: el juez Luis María Bunge Campos podría ser el as en la manga del kirchnerismo. Un as que hasta esta semana no había aparecido y que implicaría no sólo la fragmentación del estamento de los jueces en la Magistratura y también la exhibición de un conflicto que se viene gestando puertas adentro de la Asociación de Magistrados desde hace varios meses.

    Mientras tanto, los consejeros opositores del Poder Legislativo, por el momento, callan. Leer las señas esta vez es complicado porque, si bien los radicales hace dos años apoyaron la candidatura de Cabral, ahora aseguran que votar a un candidato que seguramente no logre reunir suficiente consenso no tiene sentido. Además, esta vez hay otra clase de guiños: la semana pasada, el consejero senador Ernesto Sanz presentó una denuncia junto al consejero oficialista Carlos Kunkel contra un juez de alto perfil como Federico Faggionato Márquez, y a una semana de elegir nuevo presidente.

    Será cuestión de seguir interpretando signos hasta último momento, porque el panorama cambia permanentemente, al punto de que ya se dice que hoy «puede pasar cualquier cosa» en la votación, y que los consejeros estarán negociando hasta último momento.
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