11 de octubre 2011 - 00:00

Fotos de Miño, entre Pettoruti y Escher

Con una mirada aparentemente seducida por la belleza de la arquitectura y las cualidades sensoriales de los materiales, Jorge Miño presenta una nueva serie de fotografías en la galería Foster Catena. No obstante su tradicional regodeo en las formas, lo cierto es que las imágenes de sus escaleras de los más diversos lugares, son el resultado de una visión analítica. Las fotos hablan de la relación que entabla la gente con el espacio que habita. Aunque la muestra se llama «Sin fin», invita a revivir las sensaciones que depara la visión de esas sendas ascendentes o descendentes que son casi una metáfora de la vida.

La exhibición se abre con una escalera caracol: la espiral que dibuja la baranda se recorta sobre el hielo blanco de los azulejos de la pared. La toma es del Hospital Malbrán. Impresa sobre papel de algodón, la textura de la foto tiene la sensibilidad del grafito, al igual que las dos escaleras de mármol que se cruzan y conforman un bloque con la densidad de un monumental mausoleo.

La tarea de Miño no concluye con el revelado de sus fotos: trabaja cada imagen en la pantalla de la computadora y a través de un proceso digital, le otorga a sus obras cualidades propias de otras disciplinas, como la pintura, el dibujo o el cine. Hay dos imágenes con escaleras que se cruzan de intenso color rojo, el «rojo Miño», producto de inagotables ensayos y experiencias. El artista se sirve de una caja de herramientas cargada con múltiples disciplinas y toda la historia del arte. Hay una fotografía con cruces de escaleras que conforman ángulos vertiginosos que evocan la «Dinámica del viento», uno de los primeros dibujos futuristas de Pettoruti.

En esta serie de obras Miño tiende a volverse abstracto, y reconoce la influencia de Escher, artista gráfico que ganó fama con sus ilusiones espaciales. La muestra culmina con una serie de fotografías proyectadas en una pequeña pantalla con la técnica Stop Motion, que altera la secuencia normal de una filmación de 24 cuadros por segundo, por una de 12. Así logra seguir el paso del espectador que, un poco a los tropezones, sube y baja las escaleras sin saber dónde se encuentra.

A.M.Q.

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