Fracaso del nuevo mercado

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A pesar de los errores que intencionadamente o no intentan inducir, la desmutualización ha hecho que el mundo financiero se vea dominado por grandes empresas de Bolsas de alcance mundial (haciéndole un «pito catalán» a eso de fomentar las economías «locales»).

En Europa, el LSE y el Deutsche Börse Group; en Asia, la Tokio Stock Exchange y la Australian Stock Exchange (las Bolsas Chinas son aún «locales»); en Sudamérica el Bovespa (que busca expandirse) y el MILA (Perú, Chile y Colombia), etc. La más grande de estas megaempresas de Bolsa es el NYSE Euronext.

En el último año el volumen negociado diariamente en sus Bolsas norteamericanas (NYSE más afiliadas) se redujo en cerca del 17 por ciento (lo que corresponde a las empresas que se listan allí se redujo más del 30%), el volumen de las europeas bajó más del 12 por ciento, el volumen total de derivados se redujo casi un 16% y el de ETF, un 30%.

Un cuadro similar podemos encontrar en casi todas las otras megabolsas. En contra de lo que se puede suponer, no es la competencia con otras Bolsas lo que está haciendo fracasar el negocio, sino la aparición de un nuevo mecanismo operativo, los «dark pools», estructuras operativas de carácter privado abiertas sólo a inversores institucionales y que no dan a conocer sus resultados ni se encuentran alcanzados por las regulaciones locales.

Como el agua, cuando la presión regulatoria es excesiva, los inversores siempre encuentran algún resquicio para filtrarse. Si miramos sólo el 0,1% que perdió el Dow en la semana, el 0,2% que cedió el NASDAQ o el 0,2% que ganó el S&P500, diríamos que no pasó nada. Pero pasó mucho y no demasiado bueno, algo que se reflejó en el 1,05 por ciento que perdió el Dow el viernes al cerrar en 13.093,16 puntos.

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