28 de marzo 2014 - 00:00

Francisco, un escudo contra las críticas

Washington - Durante años Barack Obama fue la "estrella" del panorama internacional, pero desde hace algún tiempo ya no es así: es por eso que el presidente estadounidense viajó a Roma para aumentar su popularidad gracias a lo que medios locales definieron como el "efecto aureola", buscado al reunirse con quien le quitó su lugar en la escena mundial, Francisco.

Este es el análisis que hicieron algunos medios estadounidenses, entre ellos el reputado portal Politico.com, en la víspera del encuentro en el Vaticano entre el inquilino de la Casa Blanca y el Papa argentino.

Con la reunión con Francisco, Obama intentó ganar consensos al asociar su imagen con la de un líder mundial muy amado y más "cool" que él en un momento clave de su presidencia, destacó Politico.com.

Desde hace meses todo el equipo de la Casa Blanca intenta recuperar terreno y remontar lo que ya llaman el "año perdido", 2013, que vio una caída en picada de la popularidad del primer presidente negro de la historia de Estados Unidos.

La popularidad de Francisco, por el contrario, sigue subiendo como la espuma: en Estados Unidos, 3 de cada 4 ciudadanos le tiene un fuerte aprecio, según un sondeo divulgado por Gallup horas antes del encuentro de ayer.

Nada menos que el 76% de los norteamericanos, además, tiene una opinión favorable del Papa argentino, dato que era del 58% el año pasado, un mes después de su elección el 13 de marzo, mientras que el 9% se define crítico, según los resultados de la encuesta.

El predecesor de Jorge Mario Bergoglio, Benedicto XVI, tuvo su mayor momento de popularidad, el 63%, en 2008, y luego se derrumbó por debajo del 50%.

En el caso de Obama, los medios estadounidenses consideraron claro que el presidente utilizaría este "cara a cara" con Bergoglio para demostrar que su política es cercana a la del Papa en temas clave como la lucha contra la pobreza, las desigualdades y la injusticia social. Un mensaje fuerte a nivel global, pero que tiene claras repercusiones en el ámbito doméstico: baste pensar en el impacto en los once millones de inmigrantes indocumentados, en su mayoría latinos y católicos, que viven en Estados Unidos.

Pese a los puntos de unión, Obama es conciente también de que no puede esquivar el tema más controvertido de su presidencia: su reforma sanitaria, a la que se opusieron las jerarquías católicas estadounidenses por prever la cobertura de los gastos para anticonceptivos. No en vano la derecha estadounidenses, acaso preocupada por una suerte de "Santa Alianza" entre Obama y el Papa argentino, advirtió claramente que Francisco no es un progresista, como tantos medios "liberales" lo describen.

"Después de tantos años de política, aprendí a ignorar lo que escriben los periódicos y a leer directamente lo que dice el Papa", sostuvo el republicano Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de representantes y convertido al catolicismo. "Además, baste pensar que The New York Times fue durante la mayor parte de su historia inexorablemente anticatólico, por lo que no se puede uno sorprender si ahora cambian de idea, distorsionando las palabras del Papa, porque eso es lo que hacen los medios norteamericanos", agregó.

Agencia ANSA

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