Francisco y Boudou, estrellas repentinas de un megashow K

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Gabriel Mariotto fue el primer ultra-K, casi en simultáneo con Guillermo Moreno, en festejar la proclamación de Jorge Bergoglio como papa. "El primer papa peronista" dijo el vice cuando el planeta K todavía gruñía, impotente, ante la entronización en la cima de Roma de ese "enemigo" de Néstor Kirchner.

Ayer, en lo que operó previsiblemente como un lanzamiento de su candidatura a gobernador 2015, Mariotto invocó a Francisco y hasta citó una carta que le mandó el Pontífice desde el Vaticano. Lo que en otros días hubiese sido una herejía para el cristinista fue, esta vez, aplaudido por Hebe de Bonafini -que alguna vez habló de Mariotto presidente-; los caciquejos mayores de La Cámpora, Andrés "Cuervo" Larroque y Eduardo "Wado" de Pedro; y dos presidenciables: Daniel Scioli y Sergio Urribarri, a quien el vice bonaerense juntó en su show de peronista K.

"Por cien años más de peronismo", bramó Mariotto y agregó, francisquista, "más ahora que tenemos un papa vocero de los presidentes que se parecen a sus pueblos". Fue el anteúltimo discurso del plenario de políticas públicas que montó en Lomas de Zamora y terminó con un ronco descargo de Amado Boudou sobre el caso Ciccone.

Descargo

-¿Saben por qué tenemos problemas judiciales?
-preguntó el vice con la voz cascada y un intrigante uso del plural.

"Porque quisieron corromper y no encontraron a quien corromper", se autorrespondió en un extenso poema de autodefensa en que acusó a Ciccone de intentar "corromperlo" y reeditó un argumento que usó Luis D'Elía en defensa del vice cuando enlazó la causa judicial con la reestatización de las AFJP.

Boudou apareció sobre la hora en la lista de oradores -en Lomas se habló de un pedido directo de Cristina de Kirchner para que sea el último en hablar- de la megacumbre K que armó Mariotto. En la hoja de ruta original, el vice bonaerense tenía dos objetivos: reposicionarse en el planeta del peronismo como un jugador en la disputa por la gobernación en 2015 y hacerlo, además, en un marco poderoso acompañado por Scioli y el entrerriano Urribarri, dos presidenciables. Con su libreto exculpatorio, Boudou alteró el relato del atardecer K que hasta entonces había girado en torno a la defensa del Gobierno y a las denuncias sobre intentos de desestabilización.

"Hay que terminar con esos intentos que se producen cada 3 o 4 meses", dijo Urribarri, que el año pasado estuvo en el segundo plenario mariottista. En aquella ocasión no fue invitado Scioli, que por entonces era casi una mala palabra en el léxico cristinista.

"Algunos decían poner un ministro o hasta decían que queríamos sacar al gobernador", recordó Mariotto aquellos tiempos y lo atribuyó a "sospechas" mutuas que quedaron atrás. "Ahora somos un equipo formidable", dijo el vice sobre su convivencia con Scioli, que antes consideró "superada" la peor parte de la crisis. A su modo, Mariotto ofició no sólo como celestino entre Scioli y Urribarri -¿fue la foto de una eventual fórmula del peronismo K?-, sino también como lazarillo de Scioli entre los militantes K y parte del universo cristinista que no suele posar junto al gobernador. Entre ellos, "Cuervo" Larroque fue la voz de La Cámpora. Aplicado, el diputado reflejó el giro semántico en el discurso ultra-K: como hizo Cristina de Kirchner en su primer discurso luego de la operación: pasó del "vamos por todo" al "vamos por más".

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