5 de julio 2013 - 00:00

Francisco y Scioli: cumbre en Roma bajo código peronista

El papa Francisco acompañó a Daniel Scioli y a su esposa, Karina Rabolini, en la recorrida por la residencia de Santa Marta, previo al encuentro privado que mantuvieron después por cerca de 50 minutos.
El papa Francisco acompañó a Daniel Scioli y a su esposa, Karina Rabolini, en la recorrida por la residencia de Santa Marta, previo al encuentro privado que mantuvieron después por cerca de 50 minutos.
La última vez que Daniel Scioli y Jorge Bergoglio se vieron, en noviembre pasado, caminaron juntos por las galerías de la Basílica de Luján sin imaginar que el próximo encuentro sería en los pasillos vaticanos.

Con la misma naturalidad de entonces y con idéntico desenfado, el ahora papa Francisco recibió ayer al gobernador y a su esposa Karina Rabolini en la Casa Santa Marta, la residencia que el religioso argentino eligió para mantenerse al margen de la ornamentación vaticana.

Durante el encuentro, que se extendió por casi una hora, hablaron de temas generales como las consecuencias negativas del "capitalismo salvaje" y la necesidad de "luchar contra la injusticia social". Esa universalidad puso en segundo término cuestiones concretas sobre la coyuntura política local, aunque resulta dificil imaginar que esta dupla de peronistas haya logrado esquivar la tentación de lo inevitable. Lo que haya sido que pasó quedó guardado ayer bajo estricto silencio de claustro.

Sí hablaron, en cambio, de la convivencia democrática, la tolerancia social e incluso de la salud del exvicegobernador Alberto Balestrini, convaleciente de un accidente cerebrovascular.

"También intercambiamos puntos de vista sobre temas como violencia, proliferación de drogas y armas en la sociedad; maltrato, trabajo infantil y trabajo en negro...", contó el gobernador al término de la audiencia privada.

"El Papa -agregó- me dijo que quiere estar en Lampedusa para acompañar y abrazar a los inmigrantes", que llegaron a esa isla italiana escapando de África.

Más allá de eso, Scioli le arrancó a Bergoglio la confirmación de que "por ahora" no está en sus planes visitar la Argentina, y que cualquier gira por Latinoamérica quedará atada a la agenda prevista para 2015.

El resto del relato fue un conjunto de gestos que la comitiva bonaerense leyó con la misma sorpresa que activa Francisco en todos los que lo rodean.

Descendió desde el segundo piso de la residencia a recibir en persona al gobernador y a su equipo de colaboradores, entre los que se encontraba el profesor Aldo Carreras, un histórico referente del peronismo que hoy asesora al Ministerio de Trabajo bonaerense, y cuya estrecha vinculación con los jesuitas permitió una decena de encuentros secretos entre Scioli y el por entonces arzobispo de Buenos Aires.

Al pie de la escalera, el Papa saludó uno por uno a los visitantes, a quienes les obsequió un Rosario, que bendijo previamente y cuyo significado expresa "un sentimiento de gratutid", según dijo.

"A su alrededor se percibe una especie de magia indescriptible, de paz y de bonhomía", relató uno de los merecedores del saludo papal, todavía azorado por el tiempo que Francisco dedicó también a saludar a las recepcionistas y a la custodia de la casa.

Les contó que se levanta muy temprano, "a las 4.15 todos los días", que camina por recomendación médica, pero que además aprovecha esas salidas "para tomar contacto con la gente".

No esquivó tampoco el comentario futbolero. Se mostró entusiasmado con la incoporación de Juan Antonio Pizzi como técnico de San Lorenzo y celebró el juego de los juveniles, que aportaron para que el club pudiera cerrar una buena campaña. Fue a partir de esa mención, precisamente, que el gobernador le transmitió a Bergoglio la curiosa comparación de un mozo italiano, que calificó a Francisco como "el Messi de la religión".

Después, el Sumo Pontífice hizo lo que todo dueño de casa hace: invitó a una recorrida por la residencia, y pidió a un sacerdote que colaboró en el improvisado tour que llevara a los visitantes a conocer la capilla interna, donde celebra misa todas las mañanas al regreso de su obligada caminata por las calles de Roma.

Mientras tanto, Bergoglio guió a Scioli y a Rabolini hacia una pequeña sala contigua donde transcurrió el encuentro privado al que, además de Carreras, invitó a Fabio Buzzi, el excopiloto y amigo personal de Scioli, que no se cansa de repetir que "Daniel es más bravo que Cristina".

Por último, hubo intercambio de obsequios. Scioli le entregó un crucifijo tejido y una faja pampa hecha por artesanos de la provincia, además alfajores de Mar del Plata, y el Papa lo despidió con su clásico pedido: "Recen por mí.

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