5 de octubre 2016 - 00:00

Frenar el péndulo requiere consensos

 Hace ya varias décadas que la Argentina no tiene definido un rumbo claro a seguir en materia de crecimiento y desarrollo. Es más, en el último lustro la Argentina creció poco más que la mitad del promedio regional con el doble de volatilidad. Este dato no tiene implicancias únicamente estadísticas sino, peor aún, sociales: en ese mismo lapso, la incidencia de la pobreza se multiplicó por 10.

La mediocre performance económica del país tiene raíz en dos elementos que se relacionan fuertemente entre sí. En primer lugar, las constantes marchas y contramarchas en cuanto a la dirección de las políticas, que terminaron configurando un "péndulo" que va de un extremo al otro delineando una dirección errática. En segundo lugar, el "enamoramiento" con esquemas económicos que no son sostenibles, más allá de que puedan ser útiles en determinados contextos históricos.

Estos dos elementos se relacionan entre sí porque cuando sufrimos grandes crisis producto de no haber atendido a tiempo las cuestiones de sustentabilidad, solemos girar 180 grados en la dirección contraria. Pero como en los momentos de estos bruscos giros la lista de cuestiones urgentes es tan amplia, las cuestiones de base siguen desatendidas. Más de un lustro de esta performance lógicamente termina moldeando los comportamientos de todos los agentes: políticos, empresarios, sindicalistas, consumidores, ahorristas. Es así como todos reconocemos y asignamos importancia a las cuestiones del largo plazo, pero la agenda sigue constantemente dominada por las urgencias.

En este sentido considero sumamente necesario comenzar a construir consensos sobre cuestiones básicas sobre las cuales debemos delinear una hoja de ruta, con acciones concretas, independientemente de qué ciclo político estemos atravesando.

Dentro de esta agenda de consensos considero necesarios al menos tres ejes. El primero es el macroeconómico, y cómo debemos entre todos fijarnos reglas para poner la "restricción de sustentabilidad" a las decisiones de la agenda coyuntural. Fijar la trayectoria descendente del déficit fiscal para evitar las "tentaciones electorales", elaborar planes productivos para los sectores más expuestos a los vaivenes macro y plantear medidas y metas para profundizar el sistema financiero irían en este sentido.

El segundo eje es el institucional, ya que sin instituciones no hay largo plazo. En este sentido, debemos consensuar reglas básicas que no se flexibilicen ante tentaciones de coyuntura. Equilibrar la relación institucional de fuerzas en la elaboración y manejo del Presupuesto y diseñar medidas anticíclicas automáticas pueden enmarcarse en este grupo.

El tercer eje, el social, es el más importante, ya que producto del derrotero hoy la mitad de los argentinos tiene carencias en al menos un derecho social básico. En este sentido, debemos consensuar políticas acerca del sistema educativo (cómo reducir su segmentación para que iguale oportunidades y no amplifique las desigualdades de origen), del sistema de salud (cómo acotar su fragmentación para que con la misma inversión se incremente su calidad) y laboral (cómo integramos las políticas social, tributaria y productiva para reducir el desempleo y la informalidad).

El establecimiento de consensos para este tipo de cuestiones no anula la agenda de los problemas coyunturales; por el contrario, la enriquece. Para "frenar el péndulo" se necesita que los dirigentes articulemos consistentemente las decisiones de corto y de largo plazo. Un acuerdo económico y social, que trascienda los ciclos políticos, sería por ejemplo un ámbito posible en este sentido.

En definitiva, la Argentina necesita de una dirección concreta, precisa y sustentable para atender las cuestiones de su postergado desarrollo y avanzar en el urgente "desendeudamiento social". Para eso, deberá lograr consensos básicos en cuestiones de fondo, para así romper con la "trampa de la coyuntura" y transitar por varios años una senda de crecimiento con baja volatilidad. Hoy tenemos por delante una chance de poder establecerlos. Sería deseable avanzar antes que las nubes de las tentaciones electorales nublen el horizonte.

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