Fue fuerte paro por falta de transporte: ahora van por 36 hs.

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 La huelga nacional del sindicalismo opositor resultó contundente por la adhesión de los gremios del transporte, que garantizaron la parálisis de los servicios de colectivos, trenes, micros de larga distancia, subtes, en buena medida los aviones y el movimiento portuario. Sus organizadores, tanto de esos sindicatos como de las versiones disidentes de la CGT, advirtieron que a mediados de abril prevén llamar a un nuevo paro en todo el país para fines de mes, en este caso por 36 horas y con una movilización a la Plaza de Mayo, una acción que hasta ahora el movimiento obrero peronista había omitido para conjurar los riesgos propios de llevar a la calle sus reclamos.

La medida de fuerza, con eje casi excluyente en la protesta contra el Impuesto a las Ganancias, sumó a las imágenes despobladas de avenidas y arterias principales en la Capital Federal y ciudades de provincias las de los cortes impulsados por partidos de izquierda y agrupaciones sociales en vías de accesos estratégicas, como la Panamericana, el puente Pueyrredón y el Acceso Oeste. Más allá de esas interrupciones, la huelga estaba garantizada desde la madrugada con la restricción del transporte automotor y ferroviario.

Otras señales del impacto del paro fueron la falta de recolección de residuos y la escasa actividad en las estaciones de servicio, así como el dictado irregular de clases, tanto por la ausencia de docentes como de alumnos, imposibilitados de concurrir a los colegios. También fue muy limitada la atención al público en las entidades financieras por la adhesión de la Asociación Bancaria.

En el sector aéreo, aunque en un principio el paro contaba con la participación de la Asociación de Aeronavegantes, a último momento se plegó la de Técnicos Aeronáuticos (APTA), que redujo al mínimo el movimiento en el aeroparque y en Ezeiza. Mientras, en el subte, si bien el gremio mayoritario en el sector (AGTSYP) no adhirió, el ausentismo de empleados fue casi total e impidió la circulación de las formaciones.

Durante la jornada todos los protagonistas cumplieron con sus roles: desde el Gobierno, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, atribuyó la medida a "una posición política" de los organizadores, más allá del reclamo por Ganancias, mientras que los sindicalistas evaluaron que el resultado fue "contundente". En la sede de Azopardo de la CGT volvieron a mostrarse juntos el líder de ese espacio, el camionero Hugo Moyano, el jefe de la versión "Azul y Blanca", Luis Barrionuevo, y el secretario general de la CTA opositora, Pablo Micheli. Y si bien participó por los gremios del transporte el portuario Juan Carlos Schmid, fueron notorias las ausencias de grandes protagonistas como Roberto Fernández (colectiveros, UTA) y Omar Maturano (maquinistas de trenes, La Fraternidad). En cualquier caso, quedó lanzada la amenaza de una nueva huelga, más extensa y con una marcha que prometieron multitudinaria.

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