El 16 de noviembre el Dow superó la línea de los 10.400 puntos. Desde entonces, ha venido oscilando entre 11.205 y 9.686 para quedar ayer en 10.405,85 unidades. Podemos pensar entonces que la recuperación del crac 2008/2009 duró poco más de ocho meses y que a partir de ahí (hace nueve meses) el mercado accionario entró en una especie de meseta, en torno a valores superados en abril de 1999. En este punto de la historia bursátil es donde estamos parados hoy. Los once años y medio transcurridos desde entonces pueden parecer muchos, pero la realidad es que varias veces en la historia -aun sin que mediara un crac ni nada parecido-, la Bolsa ha tenido comportamientos de este tenor extremadamente duraderos. Por ejemplo, en abril de 1964 el Dow superó por primera vez los 810 puntos y no fue hasta junio de 1982 que dejó definitivamente atrás este valor. Si llamamos la atención sobre esto, no es para asustar a los inversores, sino para recordar que el hecho de que el mercado se mueva de manera acotada no significa que no se pueda ganar dinero. Simplemente, nos obliga a reconocer que al menos mientras así sean las cosas, los potenciales de ganancia y pérdida tienen límites tanto en lo temporal como en lo económico, que obligan a ser particularmente cuidadosos al momento de decidir prenderse a la tendencia o al jugar contra ella. Esto no significa que no podamos tener jornadas con cierto grado de euforia como la de ayer, cuando el Dow trepó un 1,01% (en lo mejor del día ganaba un 1,73%) con un incremento del 25% en el volumen operado en el NYSE. A diferencia del lunes, esta vez las noticias resultaron mayoritariamente alcistas.
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