Francisco ofició una homilía centrada en la tarea evangelizadora -a la que llamó "nuestra revolución"- ante 900.000 fieles que desafiaron largas horas de frío y lluvia para escuchar al Papa en el parque Bicentenario, en el norte de la capital.
En su mensaje, de nuevo pidió diálogo, unión e inclusión en medio de las diferencias, en momentos de una fuerte polarización entre simpatizantes del Gobierno y movimientos opositores.
"La inmensa riqueza de lo variado nos aleja de la tentación de propuestas más cercanas a dictaduras, ideologías o sectarismos", afirmó.
En ese sentido, instó a "luchar por la inclusión a todos los niveles" y promover el "diálogo" en un mensaje que calza con el convulso presente político de Ecuador, primera parada de la gira de Francisco por Sudamérica que incluye Bolivia y Paraguay.
Correa enfrenta desde hace un mes las mayores protestas en ocho años de Gobierno, a raíz de sus políticas de corte socialista que son rechazadas por empresarios y sectores de clase media y alta que piden a gritos su salida del poder.
Declarado admirador del Papa, el mandatario socialista asistió a la misa tras reunirse en privado con Francisco la noche del lunes. A su ingreso al parque Bicentenario no se escucharon abucheos ni se vieron carteles de desaprobación.
Siguiendo con su mensaje contrario a los personalismos, una premisa que inculca incluso en el seno de la Iglesia Católica a partir de exaltar la misión evangelizadora por sobre el individualismo, el Papa evocó el grito libertario de hace 200 años en América Latina.
"A aquel grito de libertad, no le faltó convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos", advirtió.
Francisco abogó por una "revolución" en la Iglesia en América Latina. "Eso es evangelizar, ésa es nuestra revolución, porque nuestra fe siempre es revolucionaria, ése es nuestro más profundo y constante grito", dijo.
Su homilía estuvo repleta de pasajes de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (la Alegría del Evangelio), por lo que volvió a advertir que "la evangelización no consiste en hacer proselitismo" y que muchos hacen una "caricatura de la evangelización".
Y defendió que evangelizar "es atraer con nuestro testimonio a los alejados" y a los "más pobres de los más indefensos y que no pierden su dignidad a pesar de que se la golpean todos los días".
En la misa, el Sumo Pontífice vistió sobre la sotana blanca una casulla de grabados blancos y negros elaborada por indígenas en una suerte de homenaje a los pueblos autóctonos y utilizó ornamentos litúrgicos confeccionados por artesanos ecuatorianos.
La celebración, en la que participó un coro de más de 200 voces formado especialmente para la ocasión y una orquesta, incluyó fragmentos cantados de los textos litúrgicos y lecturas en quichua, uno de los idiomas oficiales en Ecuador.
Antes de oficiar la ceremonia religiosa, se reunió con obispos ecuatorianos y bendijo a una mujer de 100 años en una parada inesperada que realizó durante el recorrido en el papamóvil. Ayer por la tarde visitó la Universidad Católica, donde pidió no "seguir dándole la espalda a la madre Tierra". Luego tuvo un encuentro con la sociedad civil, a la que fueron invitados indígenas opositores.
Hoy, Francisco cerrará su viaje por Ecuador con visitas a un asilo y al santuario de la Virgen de El Quinche, en las afueras de Quito.
| Agencias AFP, EFE, DPA, |
ANSA y Reuters

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