Fuerte presencia del arte argentino en Nueva York

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Nueva York-Pinta, la Feria de Arte Latinoamericano que apostó hace seis años a crear un mercado en el Norte y, como si Nueva York le quedara chica, se expandió y conquistó la ciudad de Londres, cerró el domingo su sexta y exitosa edición neoyorquina con la presencia de 65 galerías de Europa, EE.UU., Caribe y Latinoamérica.

Este año se renovaron los proyectos especiales y se consolidó la estética que desde sus inicios caracteriza a la Feria. El énfasis académico se advirtió en el apoyo a las residencias artísticas, los coloquios y las visitas a las muestras del Whitney y la de la venezolana Gego en la Americas Society. Se sumaron además, las compras que anualmente realizan los museos y los «Art Projects» de artistas seleccionados con mayor y menor acierto por el curador brasileño Jacopo Crivelli Visconti.

En este contexto, los directivos de la Feria, Diego Costa Peuser, junto a Alejandro Zaia y Mauro Herlitzka, inauguró Pinta. Desde su fundación este emprendimiento se destaca por la atención y la visibilidad que ha logrado brindarle al arte abstracto de Latinoamérica. Fiel a una estética muy definida, en esta edición se volvieron a ver las obras de Carmelo Arden Quin, Raúl Lozza, Jesús Soto, María Freire, Martha Boto, Lygia Clark, Carlos Cruz Diez, Matías Goeritz, César Paternosto, Luis Tomasello, Alejandro Puente, Beto de Volder y una excepcional pintura de la década del 60 de Carmen Herrera. En esta misma línea, una extensa producción de obras abstractas de jóvenes artistas, emprende su camino en el mercado.

Desde luego, en el campo de los abstractos figuran las estrellas de Venezuela y Argentina, junto a los constructivistas uruguayos que tienen su bien ganada fama en el mundo. Una rareza son las fotocomposiciones geométricas de Rómulo Aguerre realizadas en 1954 sobre papel fotográfico. En la galería Summer cuentan que Aguerre no le reveló ni a su propia hija el extraño procedimiento utilizado para realizar las obras. Entretanto, mientras los abstractos disfrutaban de un marcado predominio, los artistas conceptuales ganaban terreno aceleradamente, con un cortejo de fieles compradores dispuestos a acompañarlos. Una obra compleja, la del argentino Nicolás Guagnini, se vendió la tarde de la inauguración.

Un caso notable es el del galerista Henrique Faría que, con la ayuda de Herlitzka, supo poner en el candelero a artistas argentinos de primer nivel que, salvo excepciones, permanecían casi en la sombra. En el stand de Faría se exhibían obras de Eduardo Costa, Osvaldo Romberg, Luis Fernando Benedit, Nicolás García Uriburu, Horacio Zavala, y se vendió el «Alfabeto lunar» de Leandro Katz. Ni hace falta aclarar que las cotizaciones de los argentinos pegaron un salto considerable cuando pasaron al mercado internacional.

Por su parte, las galerías brasileñas pisan fuerte en este territorio, no sólo por la excelencia de sus artistas, sino además por la ayuda gubernamental de Itamaraty, que les permite afrontar los elevados gastos de las ferias internacionales. El stand de Baró fue uno de los más amplios de Pinta y en ese lugar estratégico se divisaba una inmensa pintura de Pablo Siquier, uno de sus paisajes abstractos en blanco y negro. También paulista era la galería que reunió los trabajos de la brasileña Mira Schendel y del argentino León Ferrari, artistas que por sus afinidades estéticas compartieron una muestra consagratoria en el MoMA de Nueva York.

Homenaje

Pinta homenajeó como artista invitada a la argentina Liliana Porter. Si bien Porter está radicada en Nueva York desde la década del 60 y aquí ganó su fama, siempre mantuvo una estrecha relación con su país. Su obra, inconfundible para los argentinos, figuraba en varios stands de la Feria.

Estaban algunos de sus primeros trabajos conceptuales, obras donde ella contrapone lo real (un hilo de verdad) a lo aparente (la foto del clavo que lo sostiene). En la galería madrileña Caja Negra se exhibían piezas de series posteriores, como la de los divertidos juguetes camuflados, entre ellos, el soldadito disconforme con su identidad, que desea ser Mickey y se pone una careta para aparentarlo. La comedia humana es el tema que Porter transporta a un universo de juguete. Ella pone en escena sus muñequitos y los manda a vivir la vida, a enfrentar situaciones que provocan estupor, dolor, ternura, incertidumbre, amor, dolor, desesperación, impotencia y la mar de sensaciones y sentimientos conmovedores. Los relatos de los episodios que atraviesan sus personajes son tan elocuentes que, hasta se siente cómo palpitan esos corazoncitos de plástico o de latón. No obstante, y a pesar del sofisticado despliegue de humor, la tragedia que se vislumbra en el mundo actual ha provocado cambios en su obra.

Sobre un gran pedestal, en el medio de la Feria había una significativa instalación que representa el caos y la destrucción, realidades inocultables. Durante el coloquio realizado en la Americas Society, Porter presentó el video «Ver rojo», donde deja atrás el rumbo juguetón de su obra. Se trata de un corto dedicado al color rojo, el que atrapa con mayor facilidad las miradas, el color esencial de la energía, la violencia y la pasión. Con la densidad y fluidez de la pintura, una marea roja arrastra a todos sus personajes en una dramática caída.

En la vertiente conceptual y en una galería paulista, la artista peruana Milagros de la Torre presentó las imágenes en gran formato de los textos de Erasmo de Rotterdam, censurados en el siglo XVI por los sacerdotes de la iglesia católica. Llama la atención, por un lado, la semejanza con las formas del arte moderno, específicamente del expresionismo abstracto. Por otra parte, también sorprende la vigencia del tema. La censura eliminaba párrafos enteros de textos dedicados a exaltar la libertad de las ideas y la autonomía del pensamiento, el mayor de los pecados.

Museos

Conscientes del importante papel que juegan los museos y las colecciones en la validación y difusión del arte, los directivos de la Feria invitan a participar todos los años a instituciones interesadas en el arte de Latinoamérica. A partir del incentivo de los fondos provistos por Pinta, y los que aportan los museos, se compran obras para incorporarlas a sus colecciones. Hasta la fecha se han invertido en adquisiciones más de un millón de dólares y los beneficiarios fueron el Museo Tamayo, el MALI, el Malba, la Pinacoteca de San Pablo, el MoMA, el MFA Houston, el MFA Boston, el Museo de Harvard, el Del Barrio, el Pompidou y la Tate Modern.

Para esta sexta edición de Pinta en Nueva York, los invitados fueron: el Museo del Bronx, el Whitney y el Museo de Arte de Ponce en Puerto Rico, que dirige Agustín Arteaga.

Ventas

La galería Praxis internacional vendió varias obras. Junto a las coloridas imágenes de la Antártida de Andrea Juan, mostró los collages de María Berrio, una colombiana de 30 años cuyas obras recrean con una clave contemporánea, algo de la poesía de Chagall.

Dos obras de Rogelio Polesello y otras tantas de Antonio Asis se vendieron en la galería Pan America Art Projects (Miami), que presentó una fotografía de Jackie Kennedy realizada con diamantes por el talentoso brasileño Vic Muñiz.

En la galería argentina Teresa Anchorena los compradores arrasaron con los «Conejos» de Alita Olivares, realizados en cerámica decorada, pero armados hasta los dientes. También se llevaron las coquetas «Mesas» de Luna Paiva. En Carmen San Diego Galería se vendió un dibujo de Lucia Mancilla Prieto y otro de César Trinca.

Estas son sólo algunas de las ventas que minutos antes del cierre de la Feria se estaban concretando todavía.

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