28 de marzo 2012 - 00:00

Ganar tiempo y calmar a Rusia

Estambul - El Gobierno sirio se tomó dos semanas para dar una respuesta al plan de paz del enviado especial de la ONU y de la Liga Árabe, Kofi Annan. Finalmente lo aceptó, posiblemente tras una advertencia de Moscú. Si realmente entra en vigor, en breve terminarán los enfrentamientos en Siria y la ayuda humanitaria llegará a los centros de las revueltas.

De todas formas, no hay nadie entre las filas opositoras que crea que esto realmente vaya a ocurrir. Tanto los políticos como los organizadores de las protestas están fuertemente convencidos de que ésta es una nueva jugada del presidente Bashar al Asad para ganar tiempo.

«El régimen sirio seguirá apostando a una solución militar, de eso estamos convencidos, y la comunidad internacional debería manejarse en base a esto», explica un portavoz del movimiento de protestas juveniles. En la sala de conferencias de Estambul en la que este soleado día de marzo están reunidos unos 400 opositores sirios para buscar una estrategia común para la caída del régimen de Al Asad la noticia del «sí» al plan de Annan no genera ningún entusiasmo.

Un joven participante del encuentro que viste un traje y luce una prolija barba se encoge de hombros y dice: «Prácticamente no va a cambiar nada, ya que este plan prevé un diálogo con el régimen, y si hay un punto en el que todos los sirios honorables están de acuerdo es en que Al Asad debe irse».

Pero islamistas, comunistas, liberales, cristianos, kurdos y turcomanos, que se reunieron en Estambul, no están para nada de acuerdo con la manera de lograr este objetivo ni en cómo debería ser el nuevo Estado sirio.

Al igual que en otros encuentros de este tipo, la oposición siria le hace honor también esta vez a su reputación de tropa caótica infernal. Delegaciones completas dejaron la sala mientras en los corredores del hotel se regateaba sobre la ampliación del Consejo Nacional Sirio (CNS), que representará a la oposición, cinco días después en una reunión del grupo de contacto sobre Siria.

«Estoy aquí porque no queremos dejar el campo libre a los barbudos y a los hombres mayores», dice Fatma al Hayi, quien se ocupa desde la ciudad fronteriza turca de Gaziantep de procurar ayuda para las personas necesitadas en las ciudades protagonistas de las protestas. Frente a ella, sobre la mesa, hay un borrador de la cúpula del CNS sobre una «Visión para una nueva Siria».

En la redacción del texto, que prevé que «inmediatamente después de la caída (del régimen) se forme un Gobierno de transición que supervise elecciones libres y justas para la formación de una Asamblea Constituyente», no participaron otros grupos, lo que provocó nuevas disputas.

La portavoz del CNS, Basma Kadhmani, también considera que el hecho de que la cúpula en Damasco aceptara el plan de Annan no representa un gran avance. La politóloga, que vive en Francia, presume que si el régimen aprueba este plan y luego sigue disparando contra civiles, deberá enfrentar consecuencias desagradables. En ese caso, considera, Al Asad podría perder el apoyo de Rusia, que hasta ahora lo ha protegido.

Agencia DPA

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