26 de septiembre 2011 - 00:10

Ganó Soria en Río Negro y le arrebató el poder a la UCR tras 28 años

El gobernador Miguel Saiz y su delfín, César Barbeito, al momento de votar. El dictado de las urnas convirtió al radicalismo K en fuerza saliente.
El gobernador Miguel Saiz y su delfín, César Barbeito, al momento de votar. El dictado de las urnas convirtió al radicalismo K en fuerza saliente.
Río Negro - El peronismo rionegrino estrenará en diciembre gobernador por primera vez desde el retorno de la democracia. La fórmula del Frente para la Victoria, con Carlos Soria y Alberto Weretilneck como candidatos a gobernador y vice, logró arrebatarle el mando de la provincia al radicalismo, un bastión que los boinas blancas pudieron atesorar de modo ininterrumpido desde 1983 hasta ayer.

En una contienda con alta convocatoria -votó más del 70% del electorado, compuesto por cerca de 440.000 personas- y denuncias de boletas falsas, Soria conseguía una contundente victoria mientras que la dupla de la oficialista Concertación para el Desarrollo, que encabezó el radical K y delfín del actual mandatario Miguel Saiz, César Barbeito, acompañado por Julio Arriaga, lo seguía en el segundo puesto.

Escenario

Desde el bando de los derrotados se escucharon las primeras definiciones apenas entrada la noche. Cuando se había escrutado menos del 15% de las mesas, despojado de esperanzas, el primero en confirmar los resultados fue Arriaga, quien señaló que «una tendencia de estas caraterísticas es difícil que se revierta».

Más tarde, escrutado el 35% de las mesas y frente a una diferencia irremontable, Barbeito asumió la «responsabilidad de la derrota». Mientras que Saiz, ahora gobernador saliente, felicitó a Soria y pidió «mantener la paz social en la provincia».

En simultáneo, Soria se trasladaba hacia el local partidario del FpV en General Roca para esperar la llegada del ministro Florencio Randazzo, que se sumó a los festejos y llevó el saludo de la Presidente.

Pasadas las 22.30, el mandatario electo anticipó que mantuvo un diálogo telefónico con Cristina de Kirchner, quien lo recibirá mañana en Buenos Aires. También adelantó que la primera medida que instrumentará será congelar el ingreso a la administración pública, y aseguró que «hay que reconstruir la provincia con la ayuda de todos los rionegrinos, más allá del partido donde hayan militado antes».

Restó así la UCR una posición en el tablero político nacional. No sólo perdió un distrito en el que durante 28 años mantuvo el poder, sino que, además, dejó de ser lo hostil que siempre fue para el justicialismo. De hecho, en 56 años (hasta el 55 fue territorio nacional) tuvo sólo un gobernador peronista: Mario Franco, del 73 al 76.

A la pobre performance de Ricardo Alfonsín en las primarias presidenciales, se sumó anoche otro trago amargo para el centenario partido -aunque se trató de un subgrupo aliado de la Casa Rosada-, apenas una semana después del respiro tras los comicios por la intendencia de la ciudad de Córdoba, cargo que ganó Ramón Mestre (h), convirtiéndose en el radical que logró el cargo ejecutivo más importante del país en lo que va de 2011.

Si bien, el triunfo en las urnas aparece hoy como una gran y arrasadora hazaña del PJ, en la que mucho tuvo que ver la división de la UCR puertas adentro provocada por las oportunistas alianzas impulsadas por Néstor Kirchner desde su presidencia, no es la única. Con este resultado, los comicios rionegrinos, los últimos desdoblados de los presidenciales de octubre, encierran otra proeza y es la de confirmar el anticipado final de las experiencias de transversalidad, un plan de exterminio que comenzó con las urnas catamarqueñas, las que inauguraron el calendario electoral en marzo, y que resiste atrincherado en la Casa de Gobierno de Santiago del Estero el radical Gerardo Zamora.

Cristina de Kirchner, simuló una posición perscindible pero se ocupó de blindar la campaña previa con visitas de las figuras estelares de su gabinete, Boudou, Gabriel Mariotto y Alicia Kirchner,. A Soria, actual intendente de General Roca y exdirector de la SIDE en el Gobierno de Eduardo Duhalde, el triunfo le llegó con sabor a revancha, ya que él mismo había perdido una chance de gobernar la provincia cuando Saiz se impuso por apenas 600 votos en 2003.

Los últimos manotazos de transversalidad a lo que apeló, hundido, el radicalismo local, podrían haber sido hasta rescatados por el Gobierno nacional, en su último paso antes del 23 de octubre, si se hubiese dado una ratificación de la gestión para Saiz y los votos de la mayoría de los rionegrinos giraban para Barbeito. Ganara quien ganara, los festejos estaban garantizados para la Casa Rosada.

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