25 de mayo 2012 - 00:00

Garbanzo: una buena oportunidad para la siembra de invierno

Argentina produce alrededor de 78 mil toneladas anuales de garbanzos, según datos de 2010 de la Bolsa Cereales de Córdoba, con un rinde promedio de 15.000 a 19.000 kilos por hectáreas.
Argentina produce alrededor de 78 mil toneladas anuales de garbanzos, según datos de 2010 de la Bolsa Cereales de Córdoba, con un rinde promedio de 15.000 a 19.000 kilos por hectáreas.
Sin lugar a dudas el trigo ha sido y será un cereal irreemplazable por las innumerables virtudes que posee como parte de la dieta alimentaria del mundo, pero las dificultades para su comercialización, al menos en la Argentina, obligarán a los productores a buscar cultivos que complementen los ingresos producidos por el cereal, entre ellos la cebada o la colza, pero desde hace algunos años viene expandiéndose con firmeza la producción de legumbres, entre ellas el garbanzo.

Este cultivo, que tiene más de seis mil años de antigüedad, es originario de India y Pakistán, principales países productores, hoy es uno de los más buscados en el mundo, con lo cual sus posibilidades comerciales son cada vez mayores y, si bien es cierto que en la Argentina aún no tiene una gran difusión como cultivo extensivo, encuentra cada vez más productores que se suman a su explotación.

Pablo Torasso es el gerente de cultivos de Basf y está convencido de que este cultivo puede aparecer como un verdadero complemento al trigo y ofrece un futuro prometedor, por eso asegura que «estos cultivos son para que productores y técnicos tengan una alternativa más a la hora de pensar en la fina, porque hasta no hace mucho estábamos con trigo o cebada y en algunos casos podríamos ampliar la paleta de productos a todo lo que es garbanzos, arvejas y lentejas, pero nunca van a ocupar el lugar del cereal», puntualiza en diálogo con Ambito del Campo.

La Argentina produce alrededor de 78 mil toneladas anuales de garbanzos, según datos de 2010 de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCC), con un rinde promedio de 15.000 a 19.000 kilos por hectárea y se destinaron a es- te cultivo 42.000 hectáreas, mientras que a nivel mundial su volumen se acerca a los 8 millones de toneladas, por lo tanto la producción local es insignificante; pese a ello es fundamental poner el énfasis en la calidad del grano, porque de ese modo se podrá colocar fácilmente en la exportación. De acuerdo con datos de la BCC, el 79,3% de la superficie destinada a este cultivo se hace en secano y el 20,65% bajo riego, y el ciclo del cultivo se extiende de 160 a 180 días, listo para cosecha.

La ventana de siembra se ubica entre principios de abril y principios de julio, y se llega a cosecha entre noviembre y diciembre. Un aspecto de vital importancia tiene que ver con un cambio en la mentalidad del productor. Las zonas de mayor producción se encuentran en Salta, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero y el sur de Buenos Aires, entre otras regiones.

Comercialización

En este rubro de los granos hoy es posible contar con una comercialización mucho más fluida, con más canales para colocar la producción -además del mercado local-, a través de la exportación.

El consumo interno alcanza a unas 3.500 toneladas anuales y se fracciona en bolsas de 50 a 60 kilos. Según el calibre del grano, se puede destinar al enlatado y los partidos se industrializan como harina.

La firma alemana viene trabajando en otros países que son productores mundiales de legumbres. Traen toda la paleta de productos utilizados en esos destinos para replicarlos en la Argentina y aplicar todo el conocimiento adquirido en Canadá, Estados Unidos y otros países productores.

«Este va a ser el tercer año que estamos probando a campo y en los laboratorios para consolidarnos con estos cultivos; los resultados son muy promisorios y con alternativas espectaculares para que se desarrolle sin malezas y que no presente problemas de hongos en la semilla ni en la cosecha», sostiene Torasso.

En cuanto a los valores de comercialización, al comienzo de la cosecha se llegaron a pagar hasta u$s 900 la tonelada, pero los valores en promedio se ubican en los u$s 600 a u$s 650 la tonelada. Los precios varían según el calibre y la calidad del grano.

Tecnología

Este cultivo fue definido por el técnico de la compañía alemana como una innovación tecnológica porque en el más corto plazo se debe aplicar toda la tecnología disponible para cada uno de estos cultivos, que requiere el máximo cuidado porque las aplicaciones de fungicidas se deben hacer en el tiempo y la forma adecuados, al igual que los herbicidas.

El curado de semillas y la aplicación de los inoculantes se deben realizar con mucho cuidado, se debe prestar atención a cada uno de los puntos que hacen a la sanidad cuando se realiza este cultivo.

«Se trata de un nuevo paquete tecnológico que requiere un buen uso de cada uno de los fitosanitarios, ésa es la clave. En soja se tiene un paquete tecnológico que representa una verdadera avanzada que se puede replicar en el cultivo de legumbres», afirmó Torasso.

Una de las ventajas que presenta el cultivo de garbanzos es que se puede sembrar a lo largo y lo ancho de todo el país, mientras que las lentejas y las arvejas tienen mucho más limitada su superficie apta, que no va más allá de unos 300 kilómetros a la redonda de la ciudad de Rosario.

«Debemos tener en cuenta que nosotros estamos vendiendo alimentos al mundo y por lo tanto nuestros productos deben tener cero residuo, éstas son las cuestiones básicas de este cultivo. Mientras tanto, desde la compañía se trabaja a toda máquina para tener una paleta de productos cuanto antes para preservar la sanidad de estos alimentos», agregó el gerente.

Hoy la mayor limitante es la aplicación de la tecnología en el campo, porque se trata de un cultivo intensivo llevado a lo extensivo. Además de ser rentable, es importante entender que el consumo de alimentos en el mundo debe ser con cero toxicologías.

En cuanto a la huella hídrica se pude decir que el cultivo de garbanzo deja en el perfil del suelo unos 120 milímetros de agua y su consumo en todo el ciclo es de unos 300 milímetros como máximo, mientras que el trigo no deja más de 50 a 60 milímetros de agua y a lo largo de todo el ciclo puede consumir hasta unos 550 a 600 milímetros.

Las enfermedades

Alguna de las enfermedades que más se han visto en el garbanzo es el marchitamiento por fusarium, ocasionada por más de una especie de hongos, algunas muy agresivas. En ese sentido la dilatada geografía del país y los climas son muy diferentes y pueden ocasionar la muerte de las plántulas.

En las zonas frías, el cultivo se hace en invierno, la planta puede tener problemas de emergencia, más que nada por la acción de un hongo que se llama Pitium, relacionado con suelos muy fríos y húmedos que requerirán un cuidado especial de la semilla, explicaron los técnicos.

La tecnología disponible para atender este tipo de patógenos es la misma que se utiliza en soja; en el caso de este hongo, el curativo debe incluir en su formulado un agente llamado metalaxil, pero además hay una batería de productos que son muy buenos y que contienen más de un principio activo. Las formas de prevenir la presencia de la enfermedad es mediante rotación de cultivos, cuidado de las semillas y en el manejo con fungicida de larga duración y de última generación.

Las plagas

Algunas de las plagas que afectan al cultivo del garbanzo son la oruga bolillera, isocas y distintos tipos de pulgones asociados a las leguminosas, lepidópteros y trips, también se encontraron artrópodos como las denominadas vaquitas y chinches depredadoras y parasitoides, que tienen una presencia muy alta en el cultivo de garbanzo, resumieron.