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García del Molino: el pintor de una época de cambios en el país
Retratos de personas influyentes de la Argentina del siglo XIX, como Felisa Bellido de Onrubia, integran la muestra “Retratos para una Identidad- Fernando García del Molino (1813-1899)”.
Puesta en valor recientemente, es importante visitarlo para admirar sus jardines ( allí se encuentra el algarrobo blanco a cuyo pie San Martín y Juan Martín de Pueyrredón delinearon el plan independentista americano), su patrimonio de pintura, mobiliario, imaginería, textiles, los excelentes retratos de Prilidiano Pueyrredón (1823- 1870), el artista argentino más importante del período republicano en la Argentina.
Actualmente se exhibe "Retratos para una Identidad- Fernando García del Molino (1813-1899)", resultado de la labor conjunta entre los Museos Pueyrredón y el Fernández Blanco, donde su primera edición se exhibió entre abril y mayo con el aporte de otros museos y colecciones particulares. García del Molino, un autor prolífico, registró a los protagonistas del período más intenso del devenir político y social del siglo XIX en suelo argentino.
El resultado de esta excelente muestra permite una relectura y nuevas reflexiones acerca de una época de cambios, del protagonismo de ciertos hombres y mujeres influyentes, las pasiones políticas que se despertaron durante esa época en el seno de una burguesía comprometida con el poder establecido.
Muy importante la labor curatorial a cargo de Patricio López Méndez, Gustavo Tudisco, Lía Munilla Lacasa y Marcelo Marino, quienes indagaron profundamente en los diversos acervos de nuestros museos y también ampliaron la obra monográfica que le dedicara José León Pagano en "Fernando García del Molino. El Pintor de la Federación".
Este pintor de elite tenía libre acceso a la familia de Juan Manuel de Rosas, a quien pintó en diversas ocasiones y en diversas técnicas, por ejemplo: óleo sobre tela, miniatura coloreada sobre marfil, lápiz sobre cartón, hasta el momento en el que según Pagano "... y ahora, súbitamente, todo se desvanecía con el brusco estremecimiento de un cataclismo...", es decir hasta que después de la derrota de Caseros, Rosas y sus hijos se exiliaron en Inglaterra.
García del Molino quedó entonces relegado por su exposición política, cómo lo anatemizó la historiografía del siglo XX. Al final de su vida legó sus obras y las de su amigo Carlos Morel, con quien pintó conjuntamente, al Museo Histórico Nacional y sus últimas obras constituyen una serie de retratos de religiosas y de prelados.
Lo que también se rescata en esta muestra es su condición de pintor, cualidad que siempre ostentó con orgullo. García del Molino era considerado "un fisonomista implacable", enfatizaba los detalles de los rostros y la severidad en los de las mujeres de edad, la transparencia de la piel en las jóvenes, dio a conocer la moda de la época, los peinados y adornos de las mujeres. Un ejemplo notable es "Retrato de Ignacia Gómez de Cáneva", peinado en bandos, elegante vestido negro que contrasta con la blancura de su piel, las joyas, el exquisito adorno floral, la ventana por la que se reconoce un paisaje.
Es notable también la transparencia de las mantillas, el rojo dominante en cortinados, tapizados, chalecos.
Otro retrato digno de destacar, reproducido en la tapa del excelente catálogo, es el de Felisa Bellido de Onrubia. Luce un vestido de damasco de seda pintado con pequeñas flores, flecos, lleva collar y pulsera de coral, aros de oro y esmalte. Su brazo derecho está apoyado sobre una mesa, la mano sostiene un abanico y la izquierda un libro. El jarrón de plata, el sahumador en forma de ave, una botella de porcelana que aparecen en el cuadro así como las joyas se exhiben en una vitrina y forman parte de la donación que sus descendientes hicieran al museo.
El retrato de Martín Iraola Esnaola y su nieto Iraola Brid (ca.1840) registra al abuelo orgulloso en su mejor momento económico y político. Los curadores señalan que más de una década después la familia convocó a Prilidiano Pueyrredón quien retrató a Iraola, ya fallecido, sin la divisa punzó y con algunas otras modificaciones respecto al cuadro de García del Molino. A propósito de Prilidiano Puey-rredón, el especialista Angel Navarro comenta que el modo de pintar de García del Molino será superado por Pueyrredón que marcará los nuevos tiempos en el retrato porteño.
Las familias le encargaban los retratos porque García del Molino tenía su mismo nivel social, por ser federal y por haber creado un taller que respondía a la demanda.
Entre otros retratos está el de Juan Moreno, jefe de Policía, en su despacho, el escritorio con objetos acumulados, cuadros dentro del cuadro, entre ellos, uno de medio cuerpo de Rosas y con la actitud de poder de funcionario público.
Los cánones básicos de sus composiciones muestran a los protagonistas sentados en interiores, el cuerpo ubicado de tres cuartos en el espacio, pose convencional, libros, plumas, abanicos, bastones de mando en sus manos, muebles de la época, adornos, muros cubiertos de brocato, una ventana al paisaje y sobre todo, gran fidelidad a los retratados.
Muy significativa la labor encomendada por los directores de los Museos Fernandez Blanco y Pueyrredón, Jorge Cometti y Eleonora Jaureguiberry respectivamente, a los grupos de Tarea, Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural de la UNSAM (Universidad de San Martín) y del MIFB (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco) que llevaron a cabo la restauración de varias de las obras expuestas.
Clausura el domingo 16 de noviembre (Rivera Indarte 48 San Isidro).


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