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Garófalo y Sanmiguel, obras diferentes con la marca del contexto
Tras una engañosa imagen ornamental, el arte de Néstor Sanmiguel es decididamente conceptual y político; está arraigado al contexto de la España que lo vio nacer, la de fines de los años 80 y principios de los 90. El tema de José Garófalo fue siempre la desolación del paisaje. Los retratos que conforman “Identikit” de algún modo comparten ese clima desolador.
Aunque nunca dejó de pintar, la exitosa carrera de José Garófalo como coreógrafo y bailarín de tango, parecía haberlo alejado del mundillo del arte. Pero en estos días ha vuelto no sólo con una poderosa y dramática muestra de dibujos que exhibe el Centro Cultural Borges sino, además, con una muestra de pinturas, "Conjuros", que presentará el jueves en la galería Vasari.
El tema de las pinturas de Garófalo ha sido siempre el paisaje y, en especial, la desolación del paisaje. En la sala La línea piensa curada por Yuyo Noé y Eduardo Stupía, Garófalo presenta "Identikit", una extensa serie de retratos que de algún modo comparten el clima desolador de aquellos viejos paisajes. La muestra remite desde el título, al dibujo del rostro de una persona realizado con el fin de identificarla. Si bien las muestras documentales con formato de archivo están en el candelero, el paisaje humano que se divisa en el Borges, lejos está de la frialdad de las fichas. Los dibujos con los rasgos acentuados se perciben como un archivo del delito, recuerdan la búsqueda policial de un criminal y acaban por revelar un mundo oscuro y perturbador.
Las expresiones de esos hombres, mujeres y niños enajenados, provocan el deseo de establecer la distancia que nos separa del "otro", el diferente y desconocido. Pero se trata de un sentimiento desestabilizador, se mezcla con la piedad que despierta el sufrimiento, por más ajeno que sea.
Para entender el arte y acercarse a su significado, por más elocuente y literal que sea la imagen o por explícito que sea el título, es preciso internarse en el contexto donde surgieron las obras. Lo visual tan sólo no alcanza.
Garófalo cuenta que hace tres años comenzó esta serie y agrega: "Todas las caras son imaginadas, empecé a dibujarlas de manera bastante automática, llegué a la vehemencia, dibujé a oscuras, con los ojos cerrados y con absoluta impunidad con respecto al estilo. Me gusta la idea de que no haya estilo en el dibujo, le da un carácter anónimo a este Identikit imaginario donde la sospecha, la búsqueda y el encuentro van por caminos insondables". Sobre los motivos que lo indujeron a realizar estas obras, Garófalo observa que si bien en un principio pensó en los desaparecidos de la última dictadura militar, muy pronto sintió que lo motivaba el acontecer del presente, la inseguridad y la violencia creciente, las víctimas de todos los días. En el texto del catálogo, el artista Emilio García Wehbi se pregunta "qué vemos en estos dibujos" y, seguidamente, responde: "Lo primero que vemos es a nosotros mismos". Agrega entonces: "Quizás por afinidad estilística (o deformación profesional propia) creo ver reminiscencias de la serie Codex Artaud de Nancy Spero: en ambas, la experiencia del sufrimiento como trabajo de la carne, es algo que nos compete a todos por igual. Y aunque lo que veamos no esté claro ni definido, no dudamos en identificarnos".
Hay otras series que completan la muestra con idéntico dramatismo. Al referirse a ellas Garófalo señala que están cercanas a su búsqueda, y concluye: "Creo que estoy intentando encontrar un camino que nos aleje del dolor, conjurando en estos peleles una felicidad necesaria". Finalmente y luego de la inmersión profunda en un submundo que pocos se atreven a ver -o entender-, Garófalo se aparta de las cuestiones dolorosas para mostrar en Vasari su perfil más distendido, sus nuevos "Conjuros", una genuina licencia poética.
Rompecabezas
La muestra del español Néstor Sanmiguel Diest que presenta en el Centro de Cooperación Española el flamante curador del Malba, Agustín Pérez Rubio, elude la interpretación. Con las estrategias del juego, Sanmiguel esconde la significación de sus pinturas, bordados, ensamblajes y collages. Aunque sus cuadros siempre están cruzados por textos que brindan pistas reveladoras, las obras adquieren caprichosas formas decorativas o se asemejan a un rompecabezas. La palabra Red recortada sobre un fondo negro que se divisa en el fondo de la sala, si bien a primera vista parece subordinada a un diseño ornamental, se asocia -luego de recorrer la muestra- al comunismo, a la bandera de la URSS o al ejército rojo. Sanmiguel demuestra sin embargo, una especial habilidad para ocultar y desocultar evidencias de índole literaria y política. Su arte es decididamente conceptual y político, está arraigado al contexto de la España que lo vio nacer, la de fines de los años 80 y principios de los 90. El curador explica que en ese período el artista abandona el gesto expresivo, se involucra en investigaciones del orden social y político y, surgen entonces "complejas tramas visuales y narrativas encriptadas".
Aunque el arte resulte evasivo, como en este caso, reducirlo tan sólo a lo visible supone una percepción limitada, ciega ante las situaciones que lo hicieron nacer. La premisa se extiende a todo el arte que contemplamos.
Finalmente, en la búsqueda del sentido de estas expresiones distantes, se descubre el llamado espíritu de los tiempos y el valor indescriptible que aporta el arte cuando es verdadero.


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