1 de julio 2015 - 00:00

Gasto, inflación y el capitalismo

Voy a insistir en un tema que considero de la mayor importancia para reconocer la problemática del mundo en que vivimos. Voy a comenzar con la relación del gasto público con la inflación. Pero no olvidemos que el gasto tiene un origen ideológico y político. Seguidamente me voy a ocupar de la razón de ser histórica y consecuentemente ideológica de la presente situación en el mundo. Según Friedman, la causa de la inflación es la expansión monetaria. Sostiene que si el gasto se financia con impuestos o con crédito del público, no genera inflación. Esa conclusión es válida en la medida en que la definición de inflación sea un aumento permanente de los precios de los bienes y servicios. Pero como bien señala George Gilder, el gasto público es parte del costo de producir. Por tanto, cuando aumenta el gasto aumenta el costo de producción y, consecuentemente, el nivel de precios. Cuando el gasto público ronda ya el 50% del PBI, de hecho se está violando la propiedad privada, y la consecuencia es la caída en el nivel de inversión. Una vez que la inflación se desata, se crea la problemática de la política cambiaria. Ya en la Argentina tenemos una experiencia repetitiva. Se ha intentado una y otra vez detener la inflación controlando el tipo de cambio. La inflación entonces produce una alteración en los precios relativos de los bienes transables y no transables. Mientras más aumentan los no transables, más disminuye la competitividad y, consecuentemente, caen las exportaciones y tienden a aumentar las importaciones. Es lo que está ocurriendo hoy en la Argentina a pesar de las ventajas comparativas del aumento de los commodities.

Creo que de las anteriores experiencias y el actual comportamiento político en el mundo se nota cada vez más la confusión existente que trasciende el ámbito económico. Esa confusión, tal como la previera Nietszche, es que socialismo y democracia son sinónimos. Hoy el llanto por los pobres es la fuente del poder político en nombre del pueblo, y la razón de ser del aumento del gasto público para hacerse rico desde el Estado. Por ello hoy tenemos que los países democráticos no crecen económicamente y la China crece sólo un 7%. Se ha olvidado que la esencia del sistema que transformó al mundo que se inició en Estados Unidos fue que las mayorías no tenían derecho a violar los derechos de las minorías.

No obstante esa evidente realidad histórica, en un reciente artículo en Foreign Affaire "What Caused Capitalism" Jeremy Adelman cita a uno y otro historiador europeo, quienes explican que el capitalismo se inició en Europa, y por supuesto ignora a Estados Unidos como precursor de ese proceso. Aun cuando se refiere a Inglaterra, habla de la Revolución Industrial y así igualmente ignora que ella no se hubiese producido sin que la precediera la Glorious Revolution, que marcó el inicio de la limitación del poder político y el respeto por los derechos individuales. Considerar a Europa el origen de la libertad en el mundo es otra falacia de la llamada civilización Occidental y Cristiana. Para intentar saber lo que ocurre en el mundo musulmán, tal como lo sostiene John M. Owen en un artículo del Foreign Affairs "De Calvino al Califato", es necesario conocer la historia de Europa por siglos. El problema islamista es no haber podido separar la religión de la política, y por tanto, como escribiera Montesquieu en sus Cartas Persas, "los cristianos son los que más se matan entre ellos".

La globalización es el producto de las comunicaciones. Por ello habría desaparecido la idea del imperialismo y la guerra como forma de enriquecimiento de las naciones a costa de sus vecinos. La lucha política es interna y el llamado antiimperialismo no es más que una excusa para justificar el poder absoluto interno. Así, cada vez más en el llamado Occidente triunfa democráticamente el socialismo y la consecuente crisis creada por la falacia de la igualdad que determina el aumento del gasto público. Y ahí reside la crisis con y sin inflación. Y recordemos que el sistema no es económico, sino ético, político y jurídico. Donde no se respeta el derecho de propiedad no hay creación de riqueza, sino malversación de la existente.

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