Moscú - Un gesto adusto, poco diálogo, ninguna complicidad y un frío saludo coronó ayer el encuentro en Moscú entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y el primer ministro y hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin.
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Frente a los periodistas, el ruso lanzó el primer dardo: Hubo «años de relaciones florecientes» con Estados Unidos, pero, por desgracia, también «graves confrontaciones». Obama pagó con la misma moneda: «Tal vez no estamos de acuerdo en todos los puntos, pero conversaremos sobre todas las cuestiones con respeto mutuo», sostuvo.
Tras el histórico acuerdo nuclear alcanzado entre Rusia y EE.UU. el lunes, en la reunión de ayer quedó claro que todavía hay asuntos pendientes entre ambos países, como el reconocimiento de Kosovo, la ampliación de la OTAN al Este, Irán y el escudo antimisiles proyectado por Washington.
Entre caviar, aperitivos de codorniz, esturión ahumado y té, los dos líderes tuvieron «un diálogo bueno, concreto e intenso», según anunció un vocero del ruso. La delegación estadounidense se refirió a un encuentro «muy exitoso, abierto y sincero», incluso aunque siga habiendo claras diferencias entre ambos. Una hora más tarde de lo previsto, los dos aparecieron por la puerta de la residencia.
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