14 de febrero 2011 - 00:00

Generales egipcios, en fila hacia el Pentágono

Washington - La orden parecía un tanto vaga, pero en realidad era clarísima: el Departamento de Defensa de Estados Unidos ya había solicitado la semana pasada a sus oficiales que hicieran revivir los contactos que tuvieran con pares egipcios. No se trataba de hacer llegar un mensaje particular, señaló el Washington Post, pero sí de «mantener vivas las relaciones», según declaraciones de un funcionario de alto rango del Pentágono.

Son muchos. Según dicen los entendidos es imposible pasar por entidades estadounidenses tan importantes como el West Point o Fort Bragg sin encontrarse con algún egipcio.

Ya antes de la caída del presidente Hosni Mubarak por el levantamiento popular el mundo y sobre todo Washington tenían una cosa en claro: será imposible hacer algo sin las Fuerzas Armadas.

El secretario de Defensa Robert Gates y el jefe del Estado Mayor estadounidense, Mike Mullen, se comunicaron en varias oportunidades con los altos mandos de las fuerzas egipcias. Y con razón. Estados Unidos hace llegar anualmente alrededor de u$s 1.500 millones a las Fuerzas Armadas del Nilo.

El viernes, en lo que fue un discurso de siete minutos, horas después de la dimisión de Mubarak, el presidente Barack Obama dejó en claro qué esperaba de los generales en El Cairo: que protegieran los derechos civiles, que levantaran el estado de excepción y, sobre todo, que no permitieran una recaída en las épocas de represión.

Tarea titánica

El Gobierno de Obama no considera que sea un buen momento para mostrarse aliviado. Ahora comienza la tarea titánica: «Llevar a que los gobernantes militares realicen reformas democráticas genuinas a las que se opusieron durante décadas», según el análisis de Los Angeles Times.

Pueden oírse los latidos del escepticismo. «El Ejército se presenta como fuerza del orden y de mediación entre los bandos opuestos», comenta el profesor de Ciencias Políticas Ellis Goldberg, de la Universidad de Washington y de la Universidad estadounidense en El Cairo.

«Pero cuenta con considerables intereses propios que defender y, en los hechos, no es una fuerza neutra». Goldberg opina que la evolución más probable de los acontecimientos será «un golpe militar en cámara lenta y el regreso a la situación de estricto autoritarismo del Ejército de las últimas décadas».

Las próximas semanas demostrarán cuán dispuestos están los generales a permitir una transición hacia la democracia. Por el momento, los uniformados anunciaron que bajo su mando el país se encaminará hacia un proceso de transición pacífica del poder.

El giro que tomó la situación en Egipto en estas semanas fue desde un primer momento un tema muy delicado para la administración Obama. Ahora Washington deberá manejarse principalmente con dos figuras clave: el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantawi, y el jefe del Estado Mayor egipcio, Sami Hafez Enan.

Ninguno de los dos es «decididamente prodemocracia», citó The New York Times en declaraciones de oficiales norteamericanos. Tantawi incluso se opone «al cambio político».

En cables diplomáticos se decía que no era más que una marioneta de Mubarak, aunque algunos funcionarios que estuvieron en contacto con él lo describieron como un hombre «despierto e innovador», informa el periódico. Asimsimo, el NYT señala que Enan en el pasado se mostró particularmente preocupado por el creciente poder de Irán.

Sobre Tantawi, los diplomáticos estadounidenses no se deshicieron precisamente en elogios: «Es el principal obstáculo para que la misión del Ejército se enfoque a las futuras amenazas en materia de seguridad», señalaba uno de los informes que WikiLeaks sacó a la luz.

Muchos se muestran esperanzados, muchos hacen hincapié en la transición en paz. Todo dependerá de la hoja de ruta de los nuevos mandos.

Agencia DPA

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