Geretto: una maestra entre desopilante y temible

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«Yo amo a mi maestra normal». Libro, int. y dir.: J. P. Geretto. Puesta en esc.: A. Sanz. (Multiteatro).  

Juan Pablo Geretto se afianza en el terreno que mejor conoce, el unipersonal. En este espectáculo, vuelve a interpretar a mujeres, pero a diferencia de «Como quien oye llover», donde alternaba entre las que de algún modo lo habían marcado, guiado, conmovido o atemorizado, aquí rescata sólo a una, la maestra.

Y si bien a priori puede creerse que esa elección responde al éxito que tuvo ese personaje en relación a los otros (pasó por los programa de Jorge Guinzburg y Nicolás Repetto), Geretto justifica desde el libro y la interpretación el merecido protagónico que ganó este personaje.

Todo transcurre en un acto de una escuela pública donde se celebra el techado del patio. Otra diferencia con su anterior unipersonal, donde cortaba el clima con reflexiones innecesarias entre personajes, es que aquí Geretto acierta en no salirse nunca del personaje. Su magnífico dominio de la escena, sus inflexiones de voz justas y su histrionismo hacen que desde el primer segundo en el escenario la platea sienta que está frente a una típica maestra.

Sus miradas y retos a los alumnos (los espectadores) en medio del acto o sus comentarios sin filtro sobre los colegas docentes y no docentes, son tan creíbles como divertidos. Cuenta, por ejemplo, que la profesora de Actividades Prácticas se suicidó porque su materia había sido reemplazada por Tecnología, o manifiesta su rencor hacia la portera que gana igual que ella, «pero con una escoba».

Claro que para sostener una hora y cuarto, sin escenografía, y con sólo un personaje, el actor y dramaturgo se vale de algunos recursos de iluminación para subrayar alguna idea y también utiliza pantallas para compartir fragmentos multimedia, justificados desde lo dramático. Por fortuna no abusa del recurso.

Lo mejor es la interacción y espontaneidad de Geretto cuando desciende a la platea y actúa el diálogo con los presentes en el acto (el público). No se priva de tomar lección y poner en evidencia la falta de conocimientos: «Así estamos, después se quejan» comentó, en la función que presenciamos, luego de preguntar a un espectador sobre los autores de la letra del Himno Nacional y obtener como respuesta «Se me hizo una nube». Desopilante su entonación a capella del Himno y frases ingeniosas por donde fluyen los prejuicios, la discriminación y la eterna burocracia que caracteriza a la escuela pública.

Su personaje llora porque no le tocó una escuela privada, confiesa su incapacidad para dominar la tecnología: «Los chicos chatean en Tweety» (por Twitter), «Cuántos dedos hay que tener para marcar la arroba?; «¿Cómo se manda un mail?») y, además de arrancar carcajadas, logra transportar por un rato al espectador a sus recuerdos de infancia.

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