Ariel Agüero festeja su gol, el que le dio el triunfo a Gimnasia y la ilusión de quedarse en Primera. Ahora, depende de sí mismo.
Gimnasia se aferra al sueño de quedarse en Primera y ayer dio un gran paso al derrotar a Boca en la Bombonera, porque ahora depende otra vez de sí mismo. Si derrota a Gimnasia de Jujuy en la última fecha, hará descender a San Martín de Tucumán, cualquiera sea el resultado de éste ante Lanús; y si Gimnasia empata, obliga a los tucumanos a ganar para llegar a un desempate. Hasta perdiendo se puede salvar, si los tucumanos no ganan su partido.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por eso los objetivos fueron la diferencia entre un equipo y otro. Mientras Gimnasia se jugaba la vida en cada pelota, Boca trataba de tocar y no entrar en roces.
Gimnasia ganaba desde los tres minutos, cuando el uruguayo Diego Alonso impactó con su cabeza un centro y logró derrotar a un estático Abbondanzieri.
Este gol fue clave, porque tranquilizó a Gimnasia y profundizó la crisis de un Boca que salió a empatar con más amor propio que fútbol.
Riquelme intentó «ponerse el equipo al hombro» y Palacio, con su movilidad, generó varias situaciones de gol, pero chocaron con la figura de Gastón Sessa, que con un par de atajadas solucionó todos los problemas.
A los 41 minutos Juan Pablo Pompei cobró un penal inexistente de Agüero a Palermo, y el goleador empató el partido.
En el segundo tiempo, Boca fue el que salió a buscar el triunfo, pero Gimnasia le dio otro cachetazo de entrada. Esta vez, fue Ariel Agüero que cabeceó un largo centro, donde la mitad de la defensa de Boca jugó al off side, pero el paraguayo Cáceres habilitó a todos.
Ese golpe fue de nocaut, porque Boca ya no tuvo moral para reaccionar y terminó perdiendo sin atenuantes.
Dejá tu comentario