30 de agosto 2011 - 00:00

Gobernar será más difícil que pelear

Una camioneta en la que se trasladaban dos efectivos gadafistas arde en una ruta cercana a Sirte. En esa ciudad, bastión del exdictador, se librará la batalla final de la guerra civil libia.
Una camioneta en la que se trasladaban dos efectivos gadafistas arde en una ruta cercana a Sirte. En esa ciudad, bastión del exdictador, se librará la batalla final de la guerra civil libia.
Trípoli - Desde hace meses, los rebeldes combaten con éxito contra el régimen del fugitivo Muamar el Gadafi. Sin embargo, en la recta final hacia la victoria a los rebeldes se les acumulan los problemas.

La cúpula de la insurgencia libia tiene estos días una tarea de titanes pendiente, y es que mientras continúan los combates, la gente pide agua, protección policial y una visión de futuro para el país. Pero en varios frentes se sigue combatiendo y en los hospitales sigue faltando personal. Muchas ciudades están sin agua y los saboteadores se mezclan con los rebeldes para hacerse con armas.

Ante el edificio del instituto petrolero en el oeste de Trípoli se encuentra una mujer acompañada del hijo de su vecina que se lamenta porque un grupo de hombres saquearon su vivienda y se llevaron el automóvil de la familia tras llenarlo de los enseres robados de la casa y poner logotipos de los revolucionarios. El comandante de las brigadas rebeldes, que convirtieron el edificio en base militar, parece perplejo. Intenta ayudar, pero no hace nada. «Acuda a los responsables de los comités locales de los rebeldes», aconseja. Pero el joven replica: «La mujer cree que los jóvenes del comité participaron en el saqueo».

Trato

Entonces llega un juez de instrucción. Ha oído que en la base militar se encuentran detenidos libios y soldados extranjeros y advierte a los rebeldes que no maltraten a los prisioneros para obligarlos a confesar. «No se preocupen, los tratamos bien, ayer les dimos de comer arroz y jugo de fruta. Fue un agasajo como en una boda», asegura uno de los responsables.

De repente llega un hombre corpulento de barba larga y negra con un turbante blanco que cuenta una historia que sabe que es un mal ejemplo para el Estado de derecho que se desea construir. «Uno de los moderadores de la televisión estatal libia más conocidos tomó un Kalashnikov en la mano durante un programa y explicó que lucharía hasta la última bala y que era imposible que los revolucionarios llegaran un día a Trípoli», indicó. «Si eso ocurría -dijo-, se vestiría como una mujer con velo».

«Cuando los revolucionarios lo atraparon, lo disfrazaron de mujer, lo maquillaron, le pintaron las manos con henna roja y lo fotografiaron. Parecía una novia». Después se ríe a carcajadas y se disculpa.

Agencia DPA

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