En un editorial titulado «Argentina ataca al Banco Central», el diario Financial Times criticó con dureza ayer la decisión del Gobierno de intentar utilizar las reservas del Banco Central y de tratar de despedir al presidente de la entidad monetaria con un decreto de necesidad y urgencia. «La Argentina, potencialmente próspera, está siendo gobernada en círculos por el timón roto del populismo peronista», asegura.
‘‘La Argentina tuvo una buena década y una posibilidad de poner al país en el camino de la prosperidad. En vez de eso, tuvo a los Kirchner’’, sostiene la nota del Financial Times de ayer.
El sumario del despido del presidente del Banco Central argentino, Martín Redrado, por parte de su presidente, Cristina Fernández de Kirchner, es una señal de que este país potencialmente próspero está siendo gobernado en círculos por el timón roto del populismo peronista.
Cristina acusó a Redrado de mala conducta por oponerse a traspasar más de u$s 6.600 millones de las reservas del banco central a un fondo que notoriamente se usará para pagar deuda. La Argentina busca regresar a los mercados internacionales de deuda, luego de que entró en default en 2001 por alrededor de u$s 100.000 millones. A Redrado le dieron la orden de permanecer en su puesto, pero puede ser tristemente efímero.
El argumento del Gobierno, que intenta restaurar el crédito con un nuevo canje de deuda para los bonistas que no aceptaron entrar a la oferta anterior, es en apariencia atractivo, pero últimamente poco honrado.
Bajo la presidencia de Cristina y de su todavía poderoso antecesor, Néstor Kirchner, el Gobierno recurrió frecuentemente a mecanismos poco ortodoxos para sobrellevar la falta de crédito -por ejemplo, en 2008 nacionalizó u$s 30.000 millones de activos de jubilación privada. Y eso ocurrió luego de que el Congreso rechazó su imposición de volver variable el sistema de retenciones- que llevaron al país a protestas.
Esta vez, siguiendo la práctica común de Cristina como presidente, intentó sortear al Congreso mediante un decreto, un documento que debilita las instituciones.
No sólo que el Banco Central es la institución más creíble de la Argentina; sus reservas son ahora el ancla más creíble de la estabilidad económica de un país que es sinónimo de diseño caprichoso de políticas.
La Presidente sostiene que las reservas del Banco Central aumentaron a más de u$s 48.000 millones, desde los u$s 8.000 millones cuando Néstor Kirchner llegó al Gobierno en 2003. Es cierto, pero esto es el resultado más de las ganancias inesperadas de la gran devaluación, del gran default de la deuda y del boom de los commodities que de políticas económicas astutas.
La abrumadora impresión es que el gesto hacia el Banco Central es parte de un patrón de apropiación de activos en serie, no sólo para pagar la deuda, sino también para liberar liquidez para otros gastos antes de las elecciones presidenciales del próximo año, especialmente ahora que los peronistas han perdido su mayoría en las dos cámaras del Congreso.
La Argentina tuvo una buena década y una posibilidad de poner al país en el camino de la prosperidad que debería haber alcanzado hace mucho tiempo. En vez de eso, tuvo a los Kirchner.
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