Gobierno rompe el diálogo con la oposición por control del Senado

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La discusión por el control del Senado se resolverá la semana próxima en el recinto de sesiones; nada indica que hasta ese momento haya alguna negociación civilizada entre el kirchnerismo y la oposición, por lo que una guerra parece inevitable. El kirchnerismo no acepta ceder la mayoría en todas las comisiones, aunque se quede con la presidencia de las de «gestión». La pelea se cruza con la otra puja por la ratificación del DNU del Bicentenario: la oposición prepara en Diputados una sesión para rechazarlo y en el Senado insiste en que también logró el número para confirmar la derogación.

Todos los bloques opositores ratificaron ayer que el Gobierno no tiene ya la mayoría en el Senado y debe resignarse a quedar en minoría en todas las comisiones ya que cuenta sólo con el 43% de las bancas en el recinto. Tras un encuentro en el bloque radical, donde estuvo el peronismo disidente, incluyendo al pampeano Carlos Verna, acordaron no modificar esa exigencia. Adolfo Rodríguez Saá, inclusive, confirmó una vez más que pretende arrancarle al Gobierno la presidencia provisional del Senado para el salteño Juan Carlos Romero. Minutos después, Miguel Pichetto les comunicó que no podría reunirse con ellos, como estaba pautado, ya que ninguna condición había cambiado en la negociación. En su lugar, el jefe de los senadores kirchneristas convocó a una reunión de su bancada para analizar el reparto de comisiones el próximo martes, un día antes que el Senado deba sesionar para decidir el nuevo esquema de control. Se repite así, por ahora, el mismo escenario que se vivió el 3 de diciembre en Diputados cuando la elección de autoridades y jefes de comisión terminó haciéndose en el recinto y en medio de un caos con el kirchnerismo bajando a sesionar recién cuando la oposición reunió el quórum por su cuenta.

Implicancia

Eso implica que, en lugar de distribuir comisiones y cargos en el Senado a través de un acuerdo, todo dependerá de quién imponga la mayoría ese día en el recinto. Hasta ahora, la oposición cuenta con 37 votos, pero uno de ellos, la cordobesa Norma Morandini, no juró en el cargo en diciembre por estar de viaje. Deberá hacerlo en la primera sesión, que puede ser la preparatoria de la semana próxima, cuando se debe decidir el reparto y control de las comisiones, pero no podrá ayudar a reunir el quórum para comenzar a sesionar. En ese caso, no sirve de nada la ayuda que pueda dar Julio Cobos,

que sólo interviene en su rol de presidente en caso de empates. Hasta ahora, el kirchnerismo no analizó la posibilidad de retirarse de la sesión y dejar así el Senado sin quórum para impedir que la oposición le imponga la mayoría en el reparto de comisiones. Pero la bancada oficial no recibió aún instrucciones desde la Casa Rosada. Mucho depende de que el Gobierno necesite o no al Congreso para liberar el DNU del Bicentenario, siempre en el caso de que el kirchnerismo consiga en el Senado habilitar una mayoría que le permita ratificarlo allí, algo que hoy de todas formas parece improbable.

El radicalismo le aplica al Gobierno en este caso la misma regla que utilizó el peronismo en 1983. En ese momento, el radicalismo de Raúl Alfonsín no contó con mayoría en el Senado y el PJ impuso el número consiguiendo no sólo la mayoría de la presidencia de las comisiones, sino quórum propio en todas ellas: «No podemos entender cómo esto no está claro», volvieron a decirle a Pichetto.

Límite

Ayer, Rodríguez Saá insistió en que el ofrecimiento al kirchnerismo se limita a garantizarle la jefatura de las comisiones de gestión: «Hay seis comisiones consideradas de gestión que permanecerán en manos del oficialismo: Asuntos Constitucionales, Relaciones Exteriores, Justicia, Acuerdos, Presupuesto y Defensa», dijo. Pero recién hoy los opositores volverán a reunirse para organizar el reparto entre ellos de las 13 comisiones que pretenden retener, incluida la que deberán cederle a Verna, el peronista pampeano rebelde al Gobierno que puede terminar decidiendo la pelea y que hasta ahora participó de todos los encuentros de la oposición.

La pelea por el control del Senado se da en paralelo, de hecho es casi la misma discusión, con la puja por la ratificación del DNU con el que Cristina de Kirchner creó el Fondo del Bicentenario. Y hasta la intervención de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, que tiene plazo hasta el viernes 26 para expedirse sobre la apelación la Corte Suprema que presentó el Gobierno podría interferir en la sesión del Senado. Si para el miércoles 24 el Gobierno tiene alguna certeza sobre esa decisión de la Cámara, que podría levantar la medida cautelar que mantiene bloqueado el DNU del Bicentenario, la sesión preparatoria prevista para ese día perdería todo sentido. Poco le importará al Gobierno que el Senado funcione si el decreto queda liberado y puede transferir las reservas desde el Central al Fondo para el pago de deudas.

El Gobierno debería pagar así el costo político de mantener cerrado el Senado, lo que podría provocarle un disgusto mayor a Cristina de Kirchner que el 1 de marzo debe concurrir a la Asamblea Legislativa para inaugurar el período de sesiones ordinarias.

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