23 de noviembre 2009 - 00:23

Gobierno rompe otro pacto con UCR y se complica con amenaza en Senado

Oposición niega los 2/3 de los votos que necesita el oficialismo para tratar reforma política

Miguel Pichetto, Ernesto Sanz
Miguel Pichetto, Ernesto Sanz
El año parecía terminar tranquilo en el Senado hasta que el fin de semana la relativa paz entre el kirchnerismo y la oposición se terminó. El acuerdo entre el oficialismo y los radicales era claro: el Gobierno no apuraría la reforma política en el Senado y la oposición no pondría en peligro la votación de la larga lista de leyes económicas que el kirchnerismo necesita para terminar 2009 y comenzar sin tormentas 2010. El kirchnerismo rompió ese acuerdo apurando el tratamiento, imposible por los tiempos actuales, de la nueva ley que llama a internas abiertas y limita a los partidos chicos; y el radicalismo respondió, en boca del mendocino Ernesto Sanz, amenazando con pelear por la presidencia provisional del Senado, el cargo que hoy ocupa José Pampuro y que está segundo en la línea de sucesión presidencial.

La tormenta comenzó a desatarse el viernes pasado. Ese día ingresó por mesa de entradas del Senado el proyecto de reforma política votado en Diputados. A pesar de las decenas de cambios que se le introdujeron, el radicalismo se negaba a apurar el tratamiento, es decir, anunció que no se prestaría a colaborar para que el Gobierno reuniera en el recinto los dos tercios de los miembros presentes para habilitar una votación exprés este miércoles.

El proyecto, entonces, fue girado a tres comisiones y nada indicaba que Miguel Pichetto fuera a cambiar su idea original de avanzar con una discusión lenta y sin pensar en sancionarlo antes del final del período ordinario de sesiones, el 30 de noviembre. Así, si Cristina de Kirchner no decidía convocar a sesiones extraordinarias o prorrogar las ordinarias, la reforma política pasaría al nuevo Congreso, con el riesgo de que la mayoría opositora le introdujera más cambios y la devolviera a Diputados.

Pero la idea del kirchnerismo fue apurar las cosas: desde la Presidencia se comunicaron con Pichetto y Pampuro para, en tono de orden, pedir que el proyecto se votara cuanto antes. Apareció entonces la idea de una reunión de comisiones mañana para emitir dictamen, es decir, casi sin discusión, y la negociación para habilitar el proyecto en el recinto esta misma semana, lo que, ante la negativa opositora, le resulta imposible al Gobierno.

Es allí cuando, tras hablar con Pichetto, Sanz emite la advertencia de que, ante el incumplimiento del Gobierno, la UCR pelearía también por el control del Senado, como ya había amenazado el jujeño Gerardo Morales sobre Diputados.

La situación se complicará esta semana ya que el Senado debe aprobar la prórroga de la Ley de Emergencia Pública por dos años más y el nuevo monotributo, dos proyectos para los que el kirchnerismo tiene el número suficiente, pero que ahora quedarán bajo el fuego del debate que planteará la oposición.

En realidad, la amenaza de Sanz (que con esto se acerca a las posiciones más duras de Morales y a pocos días de asumir él como nuevo presidente del Comité Nacional de la UCR) no es a corto plazo. A diferencia de Diputados, que antes del 10 de diciembre debe elegir sus autoridades y definir entonces quién será el presidente de la Cámara, en el Senado la sesión preparatoria se hará recién a fines de febrero, tiempo suficiente para que el kirchnerismo rearme su estrategia. En el medio se procesará también el segundo hecho que hizo romper cualquier conversación entre el oficialismo y los radicales: la aparición pública del correntino Ricardo Colombi con Néstor Kirchner en la residencia de Olivos y con Cristina de Kirchner y sus ministros después, con el apoyo explícito a la candidatura presidencial de cualquiera de ellos.

Hoy, el Comité Nacional de la UCR le enviará una carta a Colombi donde se le pide que comunique al partido si existió alguna intimidación del Ejecutivo por la que lo obligaron a expresarse de alguna manera, basándose en la necesidad de fondos que sufre su provincia.

Si, pública o privadamente, Colombi no lo reconoce, el Comité Nacional tomará sanciones, pero si lo hace, el radicalismo presentará una demanda penal contra Néstor y Cristina de Kirchner por presunta coacción o extorsión.

De ahí se entienden las declaraciones del fin de semana de Morales echando leña a ese fuego: «La oposición tiene que dar una señal muy fuerte de contrapoder. No hay ningún riesgo institucional si un opositor ocupa la presidencia provisional del Senado. Al Gobierno hay que ponerle límites».

Para Morales, la amenaza de Sanz fue casi una reivindicación personal, después que fuera el único dirigente de la UCR que hace 15 días saliera con la idea de reclamar la presidencia de la Cámara de Diputados: «Después de que el oficialismo rompe las últimas reglas y si no les interesa la opinión de las otras fuerzas, está todo en discusión», dijo. «La Constitución prevé una mayoría especial para las leyes electorales porque deberían ser aprobadas por consenso ya que tienen que ver con el propio sistema republicano».

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