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Goles se buscan

Cuando sólo falta completar el partido que Banfield le ganaba 1 a 0 a Estudiantes en cancha de Quilmes, se marcó un total de 372 goles, por lo que harían falta 8 en ese partido para llegar al promedio de 2 goles por encuentro. La realidad es que se marcaron 87 tantos menos que en el torneo Clausura pasado y eso tiene que ver con el éxodo de goleadores como Denis Stracqualursi o Santiago Silva, que se fueron a Europa a ser suplentes, cuando el fútbol argentino los necesita.
River está a punto de conseguir a David Trezeguet (ver aparte); Boca está averiguando si reglamentariamente puede traer al uruguayo Santiago Silva, que jugaría en tres equipos en un año; por Denis Stracqualursi se pelean Independiente, San Lorenzo y hasta Tigre, que es dueño del 50% de su pase y apareció el nombre de Gonzalo Bergessio como una alternativa en los mismos equipos.
Lo cierto es que la matemática es clara y demuestra que en 6 años se perdieron más de 150 goles, de aquel Clausura de 2005, cuando se convirtieron 527 goles, a los 372 del torneo que pasó. Siempre la cantidad de goles de los torneos cortos era superior a los 400 goles y cerca de los 500, que en algunos casos era superado (Apertura 2006 - 505 y Clausura 2005 -527).
Un viejo técnico decía que al «mundo le falta justicia y delanteros goleadores» y el fútbol argentino carece de ellos, tanto que sólo Rubén Ramírez de Godoy Cruz superó los 10 goles (marcó 12) y los que lo siguieron en la tabla (Mauro Matos de All Boys; César Pereyra de Belgrano y Santiago Salcedo de Argentinos Juniors) quedaron a 5 tantos, con sólo 7.
En un momento en que la entrada económica de los clubes es buena (la televisión acaba de aumentar 225 millones de pesos más a los 600 que entregaba), es hora de invertir en goles. Goles que se fueron, en algunos casos por mucho menos dinero que el que valían y que en la opulencia del fútbol europeo no gravitan y casi no juegan.
Denis Stracqualursi, que fue el goleador de la temporada pasada en el fútbol argentino, jugó sólo 96 minutos en los últimos 6 meses en el Everton de Inglaterra, equipo que ni siquiera lo compró, sino que lo llevó a préstamo por un año, por lo que su vuelta parece potable.
Santiago Silva se fue de Vélez tentado con una vuelta al fútbol italiano a los 32 años, cuando había jugado sin éxito a los 19 años. Fue a la Fiorentina, donde le habían prometido titularidad, y le dieron una camiseta con el número 10 y el apodo «Tanque». Sin embargo, comió banco como nunca en su carrera y sólo pudo marcar un gol. Quiere venir a Boca ya, porque está de técnico Julio Falcioni (el que lo hizo explotar en Banfield) y lo eligió por arriba de River e Independiente, que también lo pretendían. El problema es reglamentario porque la FIFA no permite a un jugador jugar en tres equipos en una temporada, y él jugó los dos primeros partidos del Apertura en Vélez, antes que los italianos pagaran la cláusula de rescisión. Lo cierto es que el fútbol argentino necesita gol y tiene que repatriarlos porque en la Argentina no se consiguen.


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