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Grandes diferencias con el Pacto Social del 73
El ministro de Economía, José Ber Gelbard, recibe al titular de la UCR, Ricardo Balbín, tras terminar de negociar el 30 de mayo de 1973 el Pacto Social previo a convocar a la Gran Paritaria Nacional.
En aquellos años, la CGT era comandada por «Las 62» (los metalúrgicos de Ignacio Rucci) que tenían un interés real en privilegiar y defender la industria nacional y el mercado interno. Hoy, Hugo Moyano, que parece tener el problema salarial resuelto (sus ingresos superan a los del resto), le es prácticamente indiferente entre distribuir productos locales o importados. Claro que, para el lanzamiento de un pacto sería más flexible -salarialmente- un Moyano que tiene salarios más adelantados que un metalúrgico como Antonio Caló.
Además, lo más grave es que con un nivel de informalidad laboral de casi el 45% hoy se cuestiona ¿a quién representa la CGT?
Tampoco existen grandes partidos políticos como en los 70, sino que hoy hay algunos líderes políticos.
En el caso de la UIA, quedaron unos pocos empresarios nacionales. Las grandes compañías están en manos extranjeras. Antes, muchas de ellas eran propiedad del Estado.
La última vez que Kirchner se refirió al Pacto Social incluyó la palabra inversión al menú, además de salarios y precios, por lo que estaría pensando en ampliar el debate hacia un proyecto nacional. En ese caso ¿cuál sería el rol de las multinacionales en discutir la estrategia de crecimiento de la Argentina?
También es hoy otra la industria. En aquellos años el entramado industrial era mayor. «Se producían cinco veces más autos que hoy, porque aquellos tenían el 90% de componentes nacionales y hoy tienen el 30% de integración local», sostiene Leyba.
El lanzamiento de un Pacto Social al estilo del pergeñado en los 70 parece ser la esperanzadora movida del Gobierno de Cristina de Kirchner que guiará los lineamientos del resto de su administración. El espejo escogido, por convencimiento ideológico y romanticismo setentista, es el acuerdo multisectorial de 1973 más que el modelo español de La Moncloa, que fue un pacto político.
El acta que finalmente terminó siendo refrendada en 1973 por el más amplio espectro político, económico y social de aquel entonces (Federación Agraria, 62 Organizaciones, CGT, CGE, UIA y todos los partidos políticos menos el Comunista y el liberal de Álvaro Alsogaray, y la Tendencia -Montoneros-) nació de un trabajo previo entre la CGT y la CGE donde surgieron una serie de coincidencias programáticas. El paso previo fue la convocatoria del líder radical Ricardo Balbín a la Hora de los Pueblos. De allí nace la Multipartidaria donde estaban representados todos los partidos políticos mayoritarios. El acta perseguía mejorar la distribución del ingreso -a favor de los asalariados- y frenar la inflación. Se fijó un aumento salarial del 20% promedio y se suspendieron las paritarias por dos años, se congelaron los precios también por dos años (inflación cero) entre otras medidas (ajuste progresivo de tarifas, precios y tasas de interés máximas).
El resultado primario fue auspicioso: logró mejorar la distribución del ingreso donde la participación de los asalariados llegó al 48%, la economía alcanzó pleno empleo (desempleo del 3% y pobreza del 5%), bajó la inflación del 60% al 24%, la economía creció casi un 6%. Pero sobrevino el shock petrolero y junto con las presiones políticas y económicas internas (Perón había fallecido y fue el advenimiento de López Rega con Isabel Martínez presidenta) comenzó la debacle que finalizaría en el ajuste del Rodrigazo al estallar la inflación reprimida.
Según Carteco el «problema central del pacto fue la inconsistencia entre la política fiscal y monetaria expansiva y el objetivo antiinflacionario que perseguía». En 1975 la emisión monetaria creció un 226% interanual, el déficit público se duplicó a casi el 7% del PBI, los salarios aumentaron el 172%. «Con estos números se entienden perfectamente los resultados finales del pacto: el PBI cayó un 0,4% y la inflación trepó al 183%», señala Carteco.
Al parecer, Cristina de Kirchner se inclina más hacia el modelo germano. Primero vale mencionar que desde la posguerra, en las grandes empresas alemanas existe la cogestión. Pero el punto más llamativo está en la relación implícita de los sindicatos y el banco central (Bundesbank): por un lado los gremios promovían una política salarial respetuosa con el principio de estabilidad de la moneda, un axioma de toda la sociedad alemana tras la pulverización del marco en los años 20; por otro, el Bundesbank reconocía el derecho sindical a aumentos de salarios reales como reparto de la riqueza nacional.


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