Gremios sin freno en Kraft: quieren tomar maquinaria

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El conflicto en la planta de Kraft Foods (ex Terrabusi) entrará hoy en una nueva dimensión, pasando de una cuestión laboral y salarial a un plano ideológico. La Corriente Clasista y Combativa (CCC), que ampara políticamente a los delegados de la empresa, se manifestará hoy en la puerta de la planta de Pacheco: intentarán cortar desde las 13 la Panamericana y amenazarán con avanzar al interior para eventualmente «tomar» las máquinas. Mientras tanto, la empresa norteamericana planificaba anoche mecanismos de autodefensa con personal de seguridad privado dentro del perímetro de las instalaciones, además de pedir protección directa de parte de las fuerzas de seguridad de la provincia de Buenos Aires y de la Nación. Anoche, se estudiaba la forma de frenar el avance de la CCC sobre la planta.

Ayer por la tarde, desde el Ministerio de Trabajo, se anunció que no se extendería por un nuevo período la conciliación obligatoria dictada hace 20 días por la cartera que maneja Carlos Tomada. Además, como se trata de una cuestión sindical pero no laboral vinculada con la marcha de las paritarias del sector, Trabajo no puede aplicar los mecanismos de Repro, que ayudan a compañías en situación financiera o económica de emergencia.

Terrabusi y los gremios se ven entonces obligados desde hoy a negociar una salida para el conflicto, con la mediación oficial pero con la imposibilidad de imponer una solución desde el Gobierno.

Así, el conflicto en la ex Terrabusi, que comenzó con el despido de unos 152 empleados, podría convertirse hoy en el más violento desde que los Kirchner ocupan la Casa de Gobierno.

Hasta ayer, la planta se mantenía paralizada con los trabajadores que no fueron despedidos en estado de asamblea permanente, a la espera de que la compañía decida reiniciar la producción suspendida el 18 de agosto. Por su parte, la empresa afirma que no puede poner en marcha las líneas de fabricación, por el boicot externo y los sabotajes internos de los trabajadores despedidos y los que los apoyan desde la propia planta.

Sueldos atrasados

El delegado de la comisión interna Ramón Bogado afirmó que la empresa «violó la conciliación obligatoria» que significaba la reincorporación de los trabajadores despedidos y dijo que existe «una situación de lockout patronal». «Esta situación se empeora con el atraso en el pago de la segunda quincena de agosto», aseguró el delegado. El conflicto gremial comenzó el 18 de agosto pasado, cuando la empresa despidió a 152 trabajadores de su planta ubicada en la localidad bonaerense de General Pacheco, lo que motivó que la organización sindical dispusiera un paro en las instalaciones de la fábrica. Entre los despedidos, se encontraban los miembros de la comisión interna de la empresa y tres integrantes del consejo directivo de la organización sindical.

De parte de Terrabusi, se reconocía que los 152 fueron despedidos, que había representantes gremiales dentro de ellos, pero que en todos los casos se ofreció la totalidad de la indemnización reglamentaria. Asegura Kraft que tiene además documentados sabotajes internos a las máquinas mediante tornillos y barras de acero que terminaron rompiendo gran parte de ellas. Se queja la empresa de capitales norteamericanos que hubo cierta pasividad oficial ante el avance de los trabajadores sobre la maquinaria, cuando se negociaba una salida al conflicto.

Desde el Gobierno, se reconocen también algunos de estos hechos, pero hay serias quejas sobre la forma en que la conducción de la empresa manejó el conflicto. En especial se menciona desde el oficialismo la pétrea negativa a reincorporar a los trabajadores despedidos, especialmente a los sindicalizados.

El problema dentro de Terrabusi es, a esta altura, una situación más política e ideológica que económica. Se trata, quizá, de la compañía privada más importante con representación sindical de gremios vinculados a los grupos piqueteros y a la izquierda dura argentina. La representación dentro de la planta de dirigentes vinculados a la CCC aparece desde comienzos de 2001, en medio del recrudecimiento de la conflictividad social local. Luego, a partir de la salida de la convertibilidad y bajo el amparo legal de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), la representación tomó cierta institucionalidad que se mantiene hasta hoy.

Desde la CGT de Hugo Moyano, el caso de Terrabusi es además el ejemplo que en general pone sobre el escenario a la central gremial oficial, para mostrar cómo sería la vida sindical argentina si se autoriza la institucionalidad de la CTA y se libera y democratiza la representatividad laboral en el país. El camionero muestra cómo sería el futuro de las paritarias si las propias compañías privadas no ayudan a preservar el monopolio sindical bajo el modelo cegetista- peronista.

Casos similares al de Terrabusi son también los de los trabajadores del subte, que hoy continuarán con las medidas de fuerza.

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