29 de junio 2009 - 00:00

Gripe y apatía, los dos males de los comicios

Votante y hombres de la Prefectura con barbijos. Fueron la excepción: en la Capital se obviaron, en general, las prevenciones contra la gripe porcina.
Votante y hombres de la Prefectura con barbijos. Fueron la excepción: en la Capital se obviaron, en general, las prevenciones contra la gripe porcina.
«La verdad: iba a votar por Lilita Carrió, entré al cuarto oscuro y agarré la boleta de ella. Pero se me cayó, y me dije: 'Esto es una señal'... Y metí la boleta de Michetti». Así relataba a este diario Ezequiel L. su primera experiencia como votante con sus flamantes 18 años, a la puerta del colegio San Román del Bajo Belgrano.

A su lado su padre, un médico cincuentón -que votó en la misma mesa- no pudo evitar comparar la experiencia de su hijo con su primera vez en el cuarto oscuro: «Fue en 1973, y no sólo era mi primera elección, sino también la de mucha gente más grande porque veníamos de siete años de dictadura militar. En esa época mi generación vivía, respiraba, almorzaba y cenaba política. Hoy los chicos están absolutamente en otra cosa. Y no es que en mi casa no se hable de política, pero ya ves: un hecho tan fortuito como el que cuenta Ezequiel puede hacerlo cambiar el voto».

La apatía de los adolescentes frente al acto eleccionario -reflejada en la actitud del entrevistado- fue uno de los temas centrales ayer en los comicios porteños; una apatía que también compartieron (si bien mucho menos que en otros comicios) quienes colocaron en el sobre obscenidades, humoradas o fotos de personajes de la televisión en lugar de las boletas de los partidos habilitados para la elección.

El otro gran tema, como era previsible, fue la gripe porcina: una recorrida por tres escuelas de Belgrano, la sede de la Justicia electoral en Tribunales, la Comisaría de Talcahuano y Tucumán, otra escuela en Cabrera y Gascón, una en Dorrego al 2100 (Palermo) y otra en Caballito demostró que no hubo un criterio unificado, ni entre las autoridades de mesa ni entre los votantes, sobre cómo evitar un posible contagio.

Calefacción a pleno

Así, tanto en la escuela de Húsares y Mendoza -construida en la intendencia de facto de Osvaldo Cacciatore, y cuya calefacción general funcionaba a pleno- como el San Román de Juramento y Migueletes, la gente esperaba su turno para votar sin guardar el metro de distancia que aconsejan los sanitaristas, pero también sin que nadie (autoridades de mesa, fuerzas de seguridad) les dijeran que debían hacerlo.

En ambas escuelas se aguardaba puertas adentro, en los pasillos, el momento de votar. En la escuela de Mendoza, además, sólo uno de los fiscales sentados en las cuatro mesas masculinas que funcionaban en la planta baja tenía colocado un barbijo. De todos modos, en cada una de las mesas había un dispensador de a alcohol en gel, que casi nadie usó.

En cambio, en Santander al 1100 el procedimiento era aún más curioso: las mesas estaban dentro de las aulas, y el cuarto oscuro era un cubículo que recordaba a los viejos teatros de títeres (un biombo de tres caras); en su interior, colgadas de respectivos ganchos, estaban las boletas de los partidos. Así estamos todos abrigaditos: nosotras y las votantes», explicó -didáctica- a este diario una presidente de mesa. «Igual, ya sabemos que la gripe se contagia por contacto, no por vía aérea. Por eso, tratamos de que todas las personas se laven las manos con el alcohol en gel, pero no las podemos obligar...»
Al menos en la escuela de la calle Dorrego había un adhesivo líquido para cerrar los sobres y evitar que los votantes debieran pasarles la lengua. En el resto de los establecimientos relevados, en cambio, y a pesar de las advertencias, se continuó con el tradicional método de humedecer el pegamento del sobre con la propia saliva. Sin embargo, en algunas mesas aisladas las autoridades llevaron cinta adhesiva para evitarles ese mal momento a los ciudadanos más fóbicos.

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