7 de diciembre 2009 - 00:00

Guerra por control vuelve a Diputados

Fernando «Pino» Solanas reconoce que sin una agenda de leyes a tratar unificada será muy difícil reeditar el triunfo que la oposición tuvo en el recinto el jueves pasado. Sólo eso lo mantendrá bajo el mismo paraguas junto a Graciela Camaño, el radicalismo o el resto de los bloques rebeldes.
Fernando «Pino» Solanas reconoce que sin una agenda de leyes a tratar unificada será muy difícil reeditar el triunfo que la oposición tuvo en el recinto el jueves pasado. Sólo eso lo mantendrá bajo el mismo paraguas junto a Graciela Camaño, el radicalismo o el resto de los bloques rebeldes.
La pelea por el control de la Cámara de Diputados está lejos de terminar. Esta semana, una comisión especial, creada el jueves pasado, definirá qué integrantes de cada grupo (el A de opositores y el B de oficialistas) ocuparán los puestos que se definieron en la preparatoria, cuando el kirchnerismo tuvo que aceptar, frente al propio Néstor Kirchner, que ya no podría exigir mantener el control de la mayoría de las comisiones y la superioridad numérica en esos cuerpos.

Esta semana, la puja no será tan cinematográfica, como la que se vio en la sesión del jueves pasado, pero será igualmente intensa. En la práctica, se verá el primer indicio de cómo se manejará todo ese abanico opositor que se unió para quitarle al kirchnerismo la mayoría con que los sojuzgó en los últimos seis años y medio. Hasta ahora, la revancha de radicales, macristas, peronistas disidentes, la Coalición Cívica, la izquierda y el centroizquierda tuvo cierto sentido común. Muchos de ellos, aliados frecuentes del oficialismo, le cobraron a Kirchner en la cara el haber forzado una ley de reforma política que, con el mero objetivo de garantizarse el control del peronismo para 2011, terminó limitando la vida de los partidos más chicos.

Cada uno de los arrebatos kirchneristas de estos años le fueron facturados al oficialismo en el recinto. Nadie lo entendió mejor que el santafesino Agustín Rossi, ejecutor de muchas de las órdenes de los Kirchner en el recinto, y que ahora comprendió muy rápido que la pelea por el control de Diputados estaba perdida. Lo supo cuando 143 diputados le presentaron por escrito y con firma a Eduardo Fellner el petitorio para que se respetara la proporcionalidad obtenida en la elección de junio en el reparto de cargos. En esa lista estaban los enemigos históricos del Gobierno en el Congreso, más los amigos que había dejado en el camino en los últimos meses.

Ese esquema de la oposición entrará esta semana en fase de prueba. Ya no se trata de los cargos, ahora la comisión especial deberá ponerle nombre a cada una de las 25 comisiones que controlará la oposición y a las 20 que se llevó el kirchnerismo. Pero también armar un entramado de 500 designaciones en las comisiones donde se repartirán los 257 diputados de la Cámara.

Y en medio de esas negociaciones deberá solucionar también la vicepresidencia tercera que quedó vacante después que Elisa Carrió se la hubiera cedido al peronismo disidente en prenda de paz y que en medio de la negociación el cargo terminará ofrecido por la UCR al oficialismo. Ese sillón finalmente quedó vacío, pero deberá ocuparse.

El tercer round será el 16 de diciembre. Esa vez volverá a verse en el recinto el cruce entre oficialistas y opositores. Será la continuación de la sesión preparatoria del jueves pasado y donde la comisión especial deberá presentar el nuevo esquema de quiénes controlarán Diputados.

Este miércoles comenzarán las primeras conversaciones entre el oficialismo y la oposición. Será el momento en que el antikirchnerismo deba demostrar si consigue mantener el acuerdo (no se le pide que sirva en todas las votaciones futuras, pero sí al menos durante todo el proceso de elección de autoridades) o comienzan las primeras rupturas.

Para el kirchnerismo, la situación no es más fácil. Debe nominar a los presidentes de Asuntos Constitucionales, Juicio Político, Presupuesto y Hacienda y Peticiones, Poderes y Reglamento, más otras 16 comisiones, en medio de un ambiente enrarecido dentro de la bancada no sólo porque el oficialismo debe acostumbrarse a perder, algo que no sabe cómo se procesa desde hace años, con la sola excepción de la Resolución 125, sino también porque ahora tiene incorporado el componente Néstor Kirchner, que aún la bancada no termina de entender.

El ex presidente cometió demasiados errores la semana pasada. Por lo pronto, perdió tiempo arengando a la tropa propia en la previa de la sesión dentro de las oficinas de Agustín Rossi, con un discurso que todos los presentes habían escuchado demasiadas veces.

Luego se enfrascó en tareas administrativas que no había hecho hasta ese momento, como registrar sus huellas dactilares y datos personales, condición indispensable para poder ingresar al recinto. En esas tareas demoró a su bloque, que terminó bajando al recinto a las corridas antes que la oposición con quórum propio se le ocurriera comenzar a votar autoridades sin la presencia oficialista.

Nadie le explicó a Kirchner que eso era lo que hubiera hecho el kirchnerismo de estar a solas en el recinto. El berrinche y la demora de Kirchner permitieron así que la oposición demostrara el quórum propio cuando en realidad, de haber estado presente desde el principio de la sesión, el oficialismo podría haber disimulado esa derrota, una de las más importantes del día.

Así, el kirchnerismo también comienza otra era y no sólo por estar en minoría en el recinto de Diputados, sino también porque debe comenzar a educar al ex presidente para evitar que la inexperiencia le precipite otras derrotas innecesarias.

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