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Guerra de novias con munición gastada
El oficio de Kate Hudson y Anne Hathaway las salva del bochorno total en la comedia anacrónica y sin gracia «Guerra de novias».
Liv y Emma son dos mejores amigas que desde muy niñas ensayan sus fiestas de casamiento, a realizarse en el Hotel Plaza de Nueva York como condición sine qua non. Liv dirige el juego y Emma obedece. Ya convertidas en Kate Hudson y Anne Hathaway respectivamente, una es de esas abogadas «aguerridas» y la otra es una maestra dulce y servicial, pero todavía comparten el anhelo de casarse en el Plaza casi sin preocuparse de con quién. Cuando consiguen quiénes, salen corriendo al Plaza, donde la ya inevitable wedding planner (Candice Bergen) organiza el calendario. A causa de un imponderable les termina tocando la misma fecha, y como ninguna quiere perder protagonismo, la amistad se resiente hasta la declaración de guerra. Lo que traducido a la pantalla es el mismo intercambio de munición «femenina» (chismes, mentiras, sabotaje peluqueril, revolcones entre sedas y tules, etc.), que el cine norteamericano viene fatigando por lo menos desde la época de «Mujeres» de George Cukor (1939), sin la maliciosa gracia de ésta, desdichadamente.
El oficio de Hathaway y Hudson (que acá también debuta como productora) las salva del bochorno total, pese a la impericia del director televisivo Gary Winick, y la falta de imaginación de los guionistas Greg DePaul, Casey Wilson y June Diane Raphael, entre otras culpas de este film perfectamente olvidable.


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