25 de julio 2016 - 00:00

Hablar con el cuerpo de lo que no se puede explicar

De regreso de una exitosa gira europea con “A dónde van los muertos (lado A)”, el fundador del multipremiado grupo Krapp habla de la nueva obra que estrenó en el Cultural San Martín.

Biasotto. “Hoy hay un exceso de verbalidad, sobre todo en la danza. Se habla mucho del objeto artístico, como si eso fuera lo importante, y hay tanta información que el objeto va quedando atrás hasta desaparecer”. Foto: Mario Mosca.
Biasotto. “Hoy hay un exceso de verbalidad, sobre todo en la danza. Se habla mucho del objeto artístico, como si eso fuera lo importante, y hay tanta información que el objeto va quedando atrás hasta desaparecer”. Foto: Mario Mosca.
Subió a escena en el Cultural San Martín (Sala B) "Cosas que pasan", una nueva experiencia escénica del actor, coreógrafo y director Luis Biasotto, también fundador -junto a Luciana Acuña- del grupo Krapp, con el que han sido premiados en varias ocasiones, aquí y en el extranjero. Recientemente presentaron con gran éxito su espectáculo "A dónde van los muertos (lado A)" en el Festival Get Lost (Hamburgo) y también agotaron localidades en Brujas (Bélgica), Ámsterdam, Utrech y Herleen (Holanda).

"Cosas que pasan" es una coproducción entre La Villette París, Residences d'artiste de Francia, el Cultural San Martín y el Instituto Prodanza de la Argentina. La obra llevó un año de montaje y ha sido definida por su director como "una pieza dislocada, iconográfica y artesanal"; "un laberinto dramatúrgico atravesado por los cuerpos, los objetos y la palabra".

En el elenco: Gabriel Chwojnik, Gabriela Gobbi, Agustina Sario, Matthieu Perpoint, además de Biasotto y Acuña.

Periodista: ¿Qué nos puede anticipar de esta pieza, en los términos más sencillos posibles?

Luis Biasotto:
Voy a tratar de hablar de manera simple, también para ver si puedo entrar en lo simple de este trabajo, que es como una vuelta a lo artesanal. No hay ningún elemento digital en la puesta. Esta vez incluimos objetos cotidianos de un valor iconográfico que van incidiendo en la acción. También hay textos que se proyectan en el fondo del escenario, pero no hay un relato formal de los hechos. Yo trabajo desde la danza, mi campo de pensamiento está ahí. A todo lo que tenga que ver con lo narrativo trato de darle una vuelta de tuerca. Instalo una narrativa mentirosa que dice: "La historia es ésta" cuando no lo es, porque la acción indica otra cosa.

P.: ¿Cómo reacciona el público ante este contrasentido?

L.B.:
Arma su propia historia con base en lo que ve. Todo lo que hacíamos en "África" [su espectáculo anterior] quizá no se entendía mucho a nivel directo o racional, pero sí se entendía a nivel físico y sensitivo.

P.: ¿La posibilidad o no de narrar un suceso, funciona como algo conflictivo dentro de la obra?

L.B.:
Tiene que ver con la pregunta acerca de si algún día va a volver esa mítica del teatro, esa idea de que no todo tiene explicación y que algunas cosas siempre quedarán en la bruma. La pregunta que orientó este trabajo fue ésta: ¿cuál es el paso siguiente?

P.: Pareciera que habla de los misterios de la vida.

L.B.:
Hay cosas que las palabras ya no pueden explicar. Yo me refería a que hay un exceso de verbalidad, sobre todo en la danza. No me refiero a verbalidad escénica, sino a que se habla muchísimo del objeto artístico, como si eso fuera lo importante. Y hay tanta información y tanta cosa alrededor que el objeto va quedando atrás, a veces hasta desaparecer.

P.: Por eso se ha dicho, tal vez con sorna, que en los espectáculos de danza ya casi no se baila.

L.B.
: Claro, pero mi obra no tiene que ver con eso, si no sería volver para atrás. Si en un momento se dejó de bailar fue por algo, y hoy todos se hacen preguntas: ¿por qué se baila todo el tiempo?, ¿se baila por bailar? Eso generó un campo de reflexión, pero ahora se piensa tanto que algunos ya van con la pieza en la cabeza y hasta la pueden armar en tres días, y quizás generar una puesta magnífica. No estoy hablando de mi trabajo, sino de la tendencia actual. A mí me encanta que se baile, y acá se baila un poco, pero quizás de otra forma.

P.: Sus obras siguen desplegando una gran actividad física.

L.B.:
Sí. Se baila con la lengua, con la cara, se baila con todo el cuerpo. La idea de formato coreográfico está un poco desplazada ahora. Ésa es precisamente mi duda, por eso quiero hacer esta obra, para ver qué pasa con esa cuestión.

P.: ¿A qué alude el título de la obra?

L.B.:
Durante el proceso de trabajo, en Francia, nos pasaron cosas muy tristes, se nos murieron parientes y amigos. Algunos tuvieron que volver de apuro en plena etapa de ensayo. Fue algo terrorífico. Después, el dolor fue decantando y cuando buscamos el título de la obra, apareció esta frase que dice todo el mundo. A mí me la decía mi mamá, por ejemplo, cuando me dejaba alguna chica: "Bueno, Luis, son cosas que pasan". Es una frase que no dice mucho y a la vez tranquiliza. Algo así como: "Esperá un tiempo y eso ya se te va a acomodar".

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