El frigorífico local Quick-food, subsidiario de la brasileña Marfrig, anunció ayer que construirá dos «feed-lots» para la cría de ganado vacuno, cada uno de ellos de 22.000 cabezas. Marfrig es uno de los principales productores de carne vacuna procesada del mundo, y una de las mayores exportadoras del planeta en ese rubro.
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Si bien la empresa no informó el monto de la inversión, fuentes del sector estimaron en las cercanías de los u$s 30 millones el monto necesario para poner en marcha el proyecto, cifra que incluye tanto los animales como las instalaciones de los «feedlots» (piso, cobertizos, cercas y, sobre todo, la tierra sobre la que se lo instalará).
En un comunicado remitido ayer a la Bolsa porteña, Quickfood -cuya marca de venta al público es la mítica Paty- informó que «la provisión de ganado de confinamiento es estratégica para el desarrollo futuro de sus actividades, pese a que esto representa una pequeña fracción de su abastecimiento actual».
Si bien puede parecer extraño que en un país con grandes extensiones de pastizales haya empresas que confinen sus terneros a un espacio cerrado, la explicación es sencilla: maíz a precios subsidiados. Ese grano es la principal materia prima del ganado de feedlot; como el animal está inmovilizado, y con luz artificial las 24 horas, come todo el día y su gasto energético es casi nulo. Por eso, en tres o cuatro meses una cría puede llegar a los 280/300 kilos, contra los tres años que demora un ternero criado a campo. Si, además, el alimento (igual que pasa con la industria avícola y, en menor medida, con la cría de cerdos) está bien por debajo de los valores internacionales, el negocio parece cerrar por todos lados.
Quickfood tiene experiencia en la «terminación» a corral cerrado de hacienda pesada para exportación: hoy declara tener ya 53.000 cabezas propias en siete «feedlots» que alquila.
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