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“Hace tiempo que en España soy una autora antisistema”
La cuarta parte de “Episodios de una Guerra Interminable” se ocupa de la red de nazis en la Argentina.
Almudena Grandes. Presentó “Los pacientes del doctor García”.
A.G.: Es el horizonte de la red creada por la nazi española Clara Stauffer. Pero también el de Manuel Arroyo, diplomático republicano que sale del exilio para infiltrarse en la organización de evasión de criminales del Tercer Reich que dirige Stauffer. Busca mostrar la alianza de Franco con Hitler y Mussolini y hacer que los Aliados intervengan en España. Eso no ocurre ni hubiera ocurrido nunca porque los nazis perdieron la guerra, pero ganaron la posguerra, convencieron a los Aliados de que se habían equivocado de enemigo, que el verdadero enemigo era Stalin, y que podrían ayudarlos a luchar contra él, y los Aliados compraron esa idea. A los Aliados después de 1945 les gustaba más Franco que los demócratas españoles.
P.: Sus personajes de ficción resultan reales, y los reales como Clara Stauffer parecen una invención.
A.G.: Para escribir una novela basada en un hecho real hay que conquistar un equilibrio entre la libertad del creador y la lealtad a la verdad. No hay que manipular los datos para que nos den la razón, no torcer los hechos para que encajen, no llevar a los personajes reales a donde nunca hubieran ido ni hacerles decir lo que nunca hubieran dicho. A Clara Stauffer la encontré investigando sobre la posguerra en España. Sentí que era un regalo, un personaje ideal, una mujer llena de historias, de matices, que trabajó para el Mal. Era una mujer educada, que había sido deportista de alta competición, campeona, famosa, dirigente de la sección femenina de la Falange, que gastó su dinero en ayudar a criminales. No la protegió el estado franquista, ella fue parte del Estado. Organizó la Odessa española, instaló la ruta española de escape nazi.
P.: ¿Hay una grieta entre sus novelas históricas y las de, por caso, Pérez-Reverte?
A.G.: Hace tiempo que en España soy una escritora antisistema. En España hay una corrección política encubierta en la que para quedar bien hay que escribir novelas de la equidistancia, donde se cuenta que todos eran horribles, los dos bandos hicieron cosas tremendas y no hay salvación. Yo no creo que entre las misiones de un novelista esté la neutralidad, y pienso que la objetividad es una quimera porque uno mira el mundo con sus ojos, con su idea de lo justo y lo injusto. En España hubo una guerra entre fascistas y demócratas, y todavía hay gente que no sabe quiénes eran los buenos. En las novelas y las películas que se hacen sobre la Guerra Civil los republicanos pueden ser víctimas o verdugos, y los fascistas víctimas, verdugos o outsiders como los protagonistas de Pérez-Reverte o de Cercas, son falangistas pero buenos, con contradicciones, y los republicanos gente oscura, analfabeta, de pueblo, qué futuro podían ofrecer. La exclusión de la burguesía republicana no es casual porque en el fondo, al mostrarla tan desastrosa, lo que se hace es legitimar el golpe de estado. Yo agradezco que el argumento de esta novela me haya instalado en la burguesía republicana, que en América se la conoce bien porque fue el exilio de esos intelectuales, empresarios, que vinieron a ofrecer su aporte.


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