30 de noviembre 2012 - 00:00

Hamás sigue siendo el desafío

Tel Aviv - La misma Asamblea General de la ONU que reconoció ayer, 29 de noviembre, por amplia mayoría al Estado palestino, había aprobado, 65 años antes, el 29 de noviembre de 1947, la partición de Palestina, creando «de jure» un Estado judío y uno árabe.

En esa oportunidad, todos los países árabes votaron en contra. Pocos meses después, cumpliendo esa decisión, el imperio británico abandonó el mandato de Palestina. En mayo de 1948 Israel declaró su independencia y rechazó los ataques árabes masivos en una guerra que duró ocho meses. Al firmarse un armisticio, durante los primeros meses de 1949, se trazó la Línea Verde. El Estado palestino declarado por la ONU había desaparecido, ya que el 70% de su territorio había quedado bajo las soberanías de Jordania y de Egipto, mientras que el resto, en la Galilea, había sido anexado por Israel.

Ahora, mientras tanto, hay dos estados palestinos. Uno, el del presidente de la hasta ayer Autoridad Palestina, Mahmud Abás; otro bajo el poder de Hamás, en Gaza.

El Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) controla la Franja de Gaza desde junio de 2007, tras expulsar a balazos o arrojar de los techos a los hombres de Al Fatah y de la Autoridad Palestina. Desde entonces, las dos facciones no han logrado alcanzar un acuerdo que les permita manejar el conflicto con Israel con una sola voz o para llevar a cabo elecciones generales que decidan quién debe gobernar.

Al Fatah, el partido de Abás, y la propia AP, quedaron reducidos al control de los territorios de la ribera occidental (Cisjordania) y fueron ignorados durante los últimos cuatro años por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el canciller Avigdor Lieberman. Pero ambas facciones palestinas ven el conflicto con Israel de manera muy diferente.

Hamás, por su parte, es un movimiento fundamentalista islámico. Su premisa religiosa es que no es posible hacer la paz con los infieles, a quienes debe combatir en una «Yihad» (guerra santa) con sus «shahid», o mártires. Su convicción sólo le permite hacer una «tahadía», una tregua limitada con el enemigo para mejorar posiciones, o cuando mucho una «hudna», una tregua a largo plazo, por años, pero nunca un acuerdo de paz.

La complicación no termina allí. Los seguidores de Hamás son árabes sunitas, la corriente mayoritaria del islam. Están apoyados por el Egipto de los Hermanos Musulmanes, por Qatar, por Arabia Saudita. Otros combatientes de Gaza, como la Yihad Islámica, se ven más allegados a Al Qaeda. La sombra de Irán planea sobre todos los grupos armados.

Sin embargo, desde la declaración del cese del fuego de la semana pasada entre Israel y Hamás, que puso fin a ocho días de guerra, Gaza está tranquila.

Al acordar un cese de fuego con la intermediación de Egipto, Israel reconoció de facto la autoridad de Hamás en Gaza. Tan tranquilo está ese territorio que los líderes religiosos locales pronunciaron edictos prohibiendo atacar a Israel en acatamiento del cese del fuego.

Los festejos por la independencia registrados ayer en Ramalá, Hebrón, Belén y otras ciudades palestinas de Cisjordania se repitieron también en Gaza. El triunfo diplomático le permitirá a Abás regresar al tablero y abre, por primera vez en cinco años, la posibilidad de una reconciliación entre Al Fatah y Hamás, esto es, la unificación del Estado reconocido ayer por el grueso de la comunidad internacional.



* Especial desde Israel para Ámbito Financiero

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