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Harrell, la excéntrica genialidad
Tom Harrell, el famoso músico de jazz que padece esquizofrenia (izq.) junto a Wayne Escoffery en el concierto de apertura de Buenos Aires Jazz en la Usina del Arte.
Nacido en Illinois hace 66 años, Tom Harrell es un personaje extraño y una presencia fuerte sobre el escenario para quien no lo ha visto antes en vivo. Desde hace muchos años, convive con una esquizofrenia que lejos está de impedirle ser un músico enorme pero que lo mantiene mucho tiempo ensimismado, con la cabeza gacha, con una gestualidad limitada a pocos movimientos -y prácticamente ninguna sonrisa-, con su pelo blanco caído sobre el rostro, con la trompeta o el fliscorno apuntados hacia abajo aún en las notas agudas.
Pero más allá de este aspecto que termina siendo apenas una curiosidad, al momento de hacer sonar sus instrumentos se enciende, sus solos son de colección -no tanto por un virtuosismo deslumbrante sino por la catarata de ideas que despliega-, y su manejo del quinteto es excelente. Su concierto fue un comienzo muy auspicioso para un festival jazzístico que se extenderá hasta el próximo lunes.
Harrell tiene un pasado que lo liga a figuras como Woody Herman o Phil Woods, con quienes tocó por años; y también dio sus pasos como trompetista de escena o en grabaciones por distintos proyectos de Bill Evans, Horace Silver, Lee Konitz o George Russell, entre otros. A fines de los 80 arrancó su carrera solista, y desde entonces ha grabado algunos discos -pocos en función de la significación de su obra-, y siempre muy buenos -el último se llama «Number Five» y es de este año-. Y desde hace tiempo ha elegido la formación de quinteto para esos registros.
Figura
Este arranque del festival de jazz fue también la primera visita del trompetista a nuestro país, que sólo había llegado al sur de América para ser parte, hace algunos años, de un tradicional encuentro veraniego de Punta del Este. Yendo concretamente a lo que ocurrió en la Usina del Arte, Harrell estuvo a la altura de su historia. La suya es música del momento, que adquiere interés en función de la interpretación. Seleccionó una serie de composiciones, mayoritariamente propias, y las expuso en una hora y media ininterrumpida de música. Apenas rompió esa continuidad para presentar a sus compañeros antes del final; sin levantar demasiado la mirada, claro, aunque en su particularidad se lo notó cómodo y relajado. Los puntos máximos llegaron, varias veces a lo largo de la noche, en los momentos de los solos; y no únicamente de los suyos, algunos de los cuales serían para volver a escuchar, sino los de sus compañeros.
Para este concierto de Buenos Aires incluyó al muy buen Adam Cruz en la batería, en el lugar que Johnatan Blake ocupó en su disco. El resto fueron los mismos del álbum: los solventes y creativos Danny Grissett en piano y Ugonna Okegwo y el brillante saxofonista inglés Wayne Escoffery, su gran ladero en el frente de la banda y un improvisador muy inspirado.


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