27 de abril 2009 - 00:00

Hasta darse la mano es cosa del pasado para los mexicanos

Los jugadores del equipo América se retiran del imponente estadio Azteca vacío durante el entretiempo. Para evitar la propagación de la gripe porcina, las autoridades mexicanas ordenaron que los partidos se celebren a puertas cerradas.
Los jugadores del equipo América se retiran del imponente estadio Azteca vacío durante el entretiempo. Para evitar la propagación de la gripe porcina, las autoridades mexicanas ordenaron que los partidos se celebren a puertas cerradas.
México DF - La populosa capital mexicana lucía semivacía ayer por la mortal epidemia de gripe porcina que obligó a suspender las misas y el acceso de público a los partidos de fútbol, y que mantuvo a millones de personas siguiendo las noticias desde sus casas.

Usualmente repleta de actividades religiosas, culturales y deportivas, la Ciudad de México -en cuya área urbana viven casi 20 millones de personas-, entró en compás de espera debido a la gripe y muchos de los que se aventuraron a las calles lo hicieron con sus rostros cubiertos con barbijos. Los parques de la ciudad y sus imponentes museos permanecieron cerrados, al igual que muchos restoranes. En los locales que abrieron había menos gente que lo habitual, mientras los centros comerciales atendían a muy poco público.

En la Basílica de la Virgen de Guadalupe, el más importante punto de peregrinación católica en América, la explanada principal estuvo cerrada, no hubo misas y la gente sólo podía pasar por el recinto a ver la imagen de la Virgen y salir.

«Nos enteramos en el camino de que no habría misas, pero creo que está bien», dijo Alfredo Hernández, un albañil de 25 años, junto a su esposa y su hijo de tres años, todos con barbijos azules. En las proximidades de la Basílica, normalmente atestadas debido al comercio, circulaba poca gente.

«Hay que evitar salir. Si no tienes que hacer algo, es mejor no salir y además hay muchos lugares cerrados», dijo Isabel Belman, ama de casa de 23 años y madre de un hijo de tres.

En el parque de Chapultepec, las pequeñas y coloridas lanchas que son paseo obligado de muchos capitalinos los domingos permanecían quietas sobre las tranquilas aguas del lago, mientras las radios dedicaban transmisiones especiales a la epidemia.

En el Zócalo, la plaza principal de la ciudad, militares regalaban barbijos a los transeúntes, mientras en la Catedral las visitas se suspendieron a las 11 de la mañana y a mediodía se realizó la misa principal, pero extraordinariamente a puertas cerradas y se transmitió por radio.

México es el segundo país con mayor número de católicos en el mundo y durante la homilía en la catedral se pidió a los asistentes que no se dieran las manos en el momento del saludo de la paz.

«No me siento bien con que cierren las puertas para la misa. Como tengo fe en Dios, no nos va a pasar nada», dijo Socorro Hernández, una viuda de 75 años, mientras guardias cerraban una de las puertas principales de la catedral.

«Da un poco de tristeza porque vinimos a hacer un recorrido y ahora está cerrado. Pero si es por el bien de todos, ni modo», dijo María Concepción Fregoso, una comerciante de 46 años, quien llegó a la capital desde el estado de Jalisco junto con su familia.

Populares equipos de fútbol como los Pumas de la UNAM, Chivas de Guadalajara y América jugaron sus partidos sin público; el último, en el gigante estadio Azteca.

Los locatarios de centros comerciales en la capital mexicana indicaron que el público había caído ostensiblemente en los últimos dos días, aunque esperaban una paulatina normalización para las próximas jornadas.

El alcalde de la ciudad, Marcelo Ebrard, advirtió que si aumentan las muertes por la influenza porcina podrían incrementarse las suspensiones de actividades en la ciudad.

Agencia Reuters

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