Dos décadas atrás la inteligencia económica afirmaba que este año Japón sería la primera potencia del mundo. Por aquel entonces la capitalización bursátil nipona supera el 50% del valor de todas las Bolsas del globo, sus empresas dominaban el comercio global y las 114 hectáreas del Palacio Imperial en Tokio valían más que los 43 millones de has de California. Desde entonces su PBI prácticamente no varió y en algún momento de este año China lo desplazó como la tercera economía del planeta. Los japoneses parecen haberlo intentado todo para reemprender el camino de la expansión, desde gigantescas obras públicas, pasando por un incremento sin precedentes en el empleo público, hasta tasas de interés negativas. Pero la deflación pudo más y el espíritu de un país que se supo recuperar de la devastación de la Segunda Guerra y dos atroces bombas atómicas, parece haberse quebrado dando lugar a una nueva generación de herbívoros (por sus nulas ambiciones) que piensa que es estúpido gastar. De una manera u otra da la sensación que el Japón se hizo un hara-kiri económico a fines de los 80, del cual no puede salir. Dando por terminada la crisis financiera global, el temor que guía hoy a los principales gobiernos del mundo es caer en un proceso simular al japonés: para los chinos si flotan su moneda, para los norteamericanos y europeos si no reimpulsan sus economías. Ben Bernanke, reputado como uno de los mayores estudiosos del proceso nipón y presidente de la Fed, considera que el error japonés fue la demora en la inyección de fondos para estimular la economía. Esto explica la disposición a inundar las economías con dinero a riesgo de generar burbujas y desbalances cambiarios. Ayer el buen balance del Citigroup ayudó a entonar los ánimos y llevar a que el Dow trepara un 0,73% a 11.143,69 puntos. Para hoy: ¡Ojo con Apple!
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