29 de enero 2009 - 00:00

Hay un argentino entre los ocho economistas revelación del mundo

Iván Werning tuvo en su comité de tesis a Gary Becker y a Robert Lucas. Su investigación se concentra en la distribución del ingreso y en la política impositiva.
Iván Werning tuvo en su comité de tesis a Gary Becker y a Robert Lucas. Su investigación se concentra en la distribución del ingreso y en la política impositiva.
Entre los ocho economistas jóvenes que se destacan hoy en el mundo académico hay un argentino. Así lo asegura la revista británica The Economist, que publicó a fines de 2008 una nota en la que nombra a Iván Werning entre los que, en unos años, podrían recibir el Premio Nobel. Y no sólo eso, sino que lo menciona como un «economista de economistas».
«Dentro del ámbito académico no me afectó mucho. A algunos amigos míos les vino bien, porque hace años que no entendían del todo a qué me dedicaba». Con esa simpleza, Werning, de 34 años, sintetizó la manera en que recibió la noticia de que la publicación inglesa lo incluyera en esa reducida lista, mientras estaba de vacaciones en el sur del país.
Según explicó en la entrevista con este diario, el hecho de ser argentino influyó en la elección de sus temas de investigación: «Como vivimos al borde, entre crecimiento sostenido y la próxima crisis, ser argentino marcó mi interés por diseñar buenas políticas económicas».
Werning, que se doctoró en la Universidad de Chicago con Gary Becker y Robert Lucas como parte de su comité de tesis, es ahora profesor e investigador en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets). Antes de partir a Estados Unidos, estudió en la Argentina en las universidades Torcuato di Tella y San Andrés.
Mientras que su hermano Vladimir Werning (economista y director ejecutivo de JP Morgan) se dedicó al análisis de finanzas y coyuntura económica, Iván concentra su investigación académica en temas como los seguros social y de desempleo, en la distribución del ingreso y en la política impositiva, dentro de la que estudió el impuesto a la herencia.
Periodista: ¿De qué manera puede influir imponer un impuesto a la herencia en la distribución del ingreso?
Iván Werning: Intenta determinar la transmisión de la riqueza. Es un impuesto bastante difícil de implementar y además no genera mucha recaudación. En su forma actual no influye mucho en la distribución del ingreso. Por eso me interesa repensar, de cero, el diseño de este instrumento. La idea conceptual es redistributiva, que es en sí controvertido. Por un lado, nacer en una familia de buenos recursos es puro azar. Nadie se «gana» esa posición. Por otro lado, los padres tal vez sí se lo ganaron con esfuerzo y merecen dejarles una vida mejor a sus hijos. Me resultan razonables ambas nociones, así que decidí investigar el tema más formalmente.
P.: ¿Y a qué conclusión llegó?
I.W.: Junto a mi coautor, Emmanuel Farhi, encontré algo que no me esperaba. La política ideal es redistributiva, pero toma la forma de un subsidio, no de un impuesto. Un subsidio en el sentido que el Estado complementa las herencias para fomentarlas. Es progresivo porque el subsidio marginal es mayor para herencias pequeñas, incentivando así las herencias de los más pobres y reduciendo la desigualdad. Es, sin duda, una solución atípica. Pero a veces el análisis económico no se define a favor o en contra de ideas preestablecidas. Las replantea y encuentra otras más creativas.
P.: ¿Cómo cree que afectó a sus investigaciones el hecho de ser argentino?
I.W.: Me influyó muchísimo. Como nosotros vivimos al borde entre crecimiento sostenido y la próxima crisis, ser argentino marcó mi interés por lo normativo, es decir, por diseñar buenas políticas económicas.
P.: Así como en los años 30 la mayoría de las investigaciones en economía fueron en el campo de la macro y luego se pasó a microfundamentarla, hoy, ¿para dónde cree que se está orientando la investigación en economía?
I.W.: Es muy difícil predecir. En este momento un gran tema pendiente es el desarrollo en los países pobres. Otra línea es el manejo eficiente del Estado, que se ha expandido, acumulando funciones y responsabilidades en los países avanzados, el llamado «Estado de bienestar». Y dentro de este marco, el estudio de políticas eficientes. Finalmente, la crisis financiera está renovando el interés en macro y finanzas, específicamente en temas relacionados con la liquidez del sistema financiero.
P.: Con la crisis actual, la Fed bajó la tasa de interés a alrededor de 0% y el paquete de estímulo fiscal alcanzó niveles récord, sin que aún se observaran mejoras. ¿Son insuficientes las recomendaciones de política económica para resolver esta crisis? ¿Está quedando vieja la teoría?
I.W.: La teoría siempre está vieja, ¡se vive actualizando! Es como un programa que se baja de internet, se actualiza cada dos por tres y se mejora gracias a eso. Como economista, éste es un momento muy preocupante, pero también interesantísimo. Si uno trabaja en investigación, ¡qué mejor que encontrarse con que todavía hay mucho por hacer! Estoy convencido de que la crisis actual va a generar muchas experiencias e ideas nuevas que van a ser muy útiles. Al mismo tiempo, aunque lo que sabemos en política económica no sea actualmente la panacea, contribuyó muchísimo al debate inteligente y selección de políticas para esta crisis. La respuesta de la Reserva Federal hoy es muy diferente a la que se produjo al inicio de la Gran Depresión. Esto es así, en gran parte, gracias al conocimiento acumulado desde entonces. Ben Bernanke mismo es de formación académica y un estudioso de la Gran Depresión.
P.: ¿A qué economistas admira?
I.W.: Robert Lucas y Gary Becker son dos economistas que, sin lugar a dudas, están entre los más influyentes del siglo XX. Tuve el placer, durante mi doctorado, de aprender de ellos de primera mano.
P.: ¿Y de la Argentina?
I.W.: En este momento hay muchos grandes economistas dedicados a la investigación. Fernando Alvarez, profesor mío en la Argentina y durante mi doctorado en la Universidad de Chicago, fue un referente importante para mí. También lo fueron Hugo Hopen-hayn, ahora en la UCLA, y Juan Pablo Nicolini, de la Universidad Torcuato di Tella.
P.: ¿Qué piensa de que The Economist lo mencione como uno de los ocho economistas más prominentes, posibles Premio Nobel?
I.W.: Desconozco la metodología para generar esta lista. Se basan en algún tipo de encuesta dentro la profesión académica, pero no sé los detalles. Me enteré cuando estaba en la Argentina, de vacaciones en el sur. Me tomó por sorpresa porque yo ni sabía que se elaboraba esta lista. Y como sólo la producen cada 10 años, la anterior se publicó antes de hacer mi doctorado y no la había visto. Dentro del ámbito académico no me afecta mucho, pero es interesante ver el alcance que tiene fuera de él. A algunos amigos míos les vino bien, porque hace ya años que no entendían del todo a qué me dedicaba.
P.: ¿Qué piensa de la educación en la Argentina?
I.W.: Es un tema que me apasiona y me toca de cerca porque mi padre, Pablo Werning, es docente y se dedicó a pensar en reformas. Muy pocos países están conformes con su sistema educativo, pero en la Argentina se está llegando a un momento de crisis. Hay muchos problemas. La literatura económica sugiere concentrar reformas en dos cosas. Una es la educación preescolar y en los primeros años del ciclo básico. James Heckman, Premio Nobel en economía, demostró que estos primeros pasos pueden ser clave. Otro de los grandes problemas educativos es que la gente de menores recursos está atrapada, con muy pocas opciones. Hay que liberar a los padres y alumnos, dándoles más información y opciones. La descentralización también permite que muchos docentes y rectores, extremadamente capaces y sacrificados, puedan implementar mejoras que ahora les es imposible con la burocracia centralizada que los aploma. Justamente, en EE.UU. Obama hizo hincapié en este tipo de reforma durante su campaña. En nuestro país hubo una iniciativa interesante en San Luis con las escuelas experimentales. Nicolás Ducote y Miguel Braun, desde el CIPPEC, asesoraron este y otro tipo de reformas.
P.: ¿Cómo llegó a ser profesor del MIT?
I.W.: Empecé mis estudios en la Argentina, en las universidades de San Andrés y Torcuato di Tella. Esto me dio excelentes bases para mi doctorado en la Universidad de Chicago. Cuando me fui, fue un gran esfuerzo. Estaba completamente apasionado por la ciencia económica. No estaba muy seguro de qué iba a hacer con el doctorado, pero sabía que tenía que hacerlo. El MIT es, primero que nada, una universidad concentrada en la investigación. El sistema académico americano está muy organizado. Del doctorado uno sale con la tesis y varios otros trabajos de investigación. Cada año, los mejores departamentos de economía se basan en esto para contratar profesores asistentes. Años más tarde los evalúan de acuerdo con sus progresos en investigación. Los colegas, teniendo en cuenta la opinión de académicos en otras universidades, deciden si se promueve al cargo de profesor permanente.
P.: ¿Qué siente de que en su comité de tesis hayan estado Gary Becker y Robert Lucas?
I.W.: Fue un gran honor. Como dije, son dos economistas que admiro muchísimo. Pero fue igual de importante tener a Fernando Alvarez, que fue profesor mío en la Argentina y luego consejero de tesis durante mi doctorado en la Universidad de Chicago.
Entrevista de María Iglesia

Dejá tu comentario