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Como cotizante en 2016 el precio de su acción subió 167% y gana 8,06% en lo que va del 2017; en el ínterin el Merval sumó 44,9% el año pasado y 11,69% durante el actual. Sin dudas para sus accionistas 2016 fue un gran año, refrendado por sus resultados contables, al cerrar este último período anual con un neto de $391.317.211 -con integrales suma medio millón que no mueven el amperímetro- o un 504% más que en 2015 y un récord en términos nominales (en términos reales -dólar o IPC Congreso-, está debajo de los $236,2 millones de 2011). A futuro nos dice que se espera a partir del segundo trimestre 2017 que la demanda de cemento se recuperaría a través de la construcción residencial -estimulada por el impulso estatal a los créditos hipotecarios- y un mayor ritmo en la ejecución de obras públicas en el contexto de un año electoral. El problema es que cuando "rascamos un poco" no todo es tan color de rosa. En primer lugar los resultados de fábrica: una caída en doce meses de 12% en la producción y las ventas locales, alcanzando el mínimo desde el contable 2005 (los récords históricos fueron en 2011) y 87% en las exportaciones, las menores en al menos los últimos 20 años. Cuando pasamos al balance, vemos que los ingresos por ventas crecieron 22% durante el año, con lo que queda con un bruto apenas 24% mayor al de 2015. Luego, algunas mejoras en los gastos de distribución y comercialización, le dejan un operativo 35% mayor al del año previo, pero todavía debajo de la inflación que rondó el 40%. Claramente, en el núcleo de su negocio, no tuvo mucho para festejar. La diferencia la marca en lo financiero, pero no por el lado de los ingresos que se reducen 19%, sino el de los egresos -en particular por la diferencia de cambio y valuación de títulos públicos- que redujo un 54%. Si esto no es repetible....
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