- ámbito
- Edición Impresa
Homenaje a Alejandro Puente inaugura un nuevo espacio
La sutil y luminosa obra de Alejandro Puente lleva al espectador a un terriitorio místico y misterioso.
Próximamente, los jardines diseñados por Carlos Thays, albergarán exhibiciones de esculturas e instalaciones al aire libre que se sumarán al trabajo de estudio y difusión del excepcional acervo de una institución tan trascendente por su historia y que ha sido objeto de una importante puesta en valor que merece visitarse.
Esta primera exposición homenaje está dedicada a Alejandro Puente (La Plata1933- Buenos Aires 2013), artista de notoria importancia en la historia del arte argentino. "Huellas Sensibles", bajo la curaduría de Cristina Rossi, alude a la geometría que Puente eligió como medio expresivo desde sus comienzos y que el crítico Aldo Pellegrini calificó como "sensible". Rossi también evoca las enseñanzas de Héctor Cartier, entre ellas, la frecuentemente mencionada por Puente necesidad de "cambiar la mirada", de lograr "una cierta capacidad de abstracción que le permitiera desentrañar la articulación de las formas hasta encontrar su estructura".
El recorrido abarca diversas instancias de su quehacer además de registros documentales que testimonian el lugar que el artista ocupó en el mundo de la cultura. Su participación en exposiciones nacionales e internacionales, su sitio en la Academia de Bellas Artes, la labor realizada junto a Luis Felipe Noé en "Ojo al País" en el Centro Cultural Borges y su tarea por la que concibió un plan renovador como profesor de pintura en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova a partir de 1985. En 1967 ganó la Beca Guggenheim, vivió en nueva York durante tres años, frecuentó a Sol Lewitt y a la crítica de arte Lucy Lippard quienes lo conectaron con el círculo de artistas minimalistas y conceptualistas de la época. A propósito de Lewitt, éste le propuso que contratara ayudantes pero Puente decía que prefería "la cualidad táctil emocional que produce el trabajo a mano".
En 1988 nos acercamos a la obra de Alejandro Puente, artista que tuvo una relación afectiva con la civilización prehispánica. Sus abstracciones revelaban signos cuya comprensión se debe, así nos lo relató, a los artistas modernos europeos, ya que fue el cosmopolitismo estético europeo el que posibilitó que América comprendiera el arte precolombino.
Una pintura reflexiva, pinceladas ascéticas, interrumpidas por haces de luz que confieren gran sensibilidad a un lenguaje constructivo. En cuanto al cromatismo, pasaba de tonalidades terrosas a naranjas y rojos vibrantes, propios de los tintes vegetales empleados por los indígenas para sus telares con agregado de azules de efectos fluorescentes.
Más adelante, el cromatismo, siempre refinado, casi transparente, dejaba ver sus geometrías casi imperceptibles que ubicaba en distintas secciones del plano. Esta geometría revelaba una gran espiritualidad en proyectos arquitectónicos de templos del sol, lugares de veneración subterránea, fortalezas inexpugnables que se corresponden con el deseo de seguir indagando en lo mágico y misterioso de nuestra América. Guardas textiles andinas, construcciones, formas arcaicas, pórticos, escaleras, interiores que invitan a ser recorridos para encontrar un equilibrio existencial.
Guillermo Whitelow señaló que Puente "plasmó en sus cuadros tanto la organizada estructura proveniente de su natural filiación matemática como el misterioso encanto de la simbología andina".
Lo recordamos como un hombre de mirada tierna y suaves maneras, cuya obra sutil, luminosa, nos llega de manera serena y nos lleva a un territorio místico y misterioso.
Clausura el 18 de mayo (Av. España 1701 Costanera Sur).


Dejá tu comentario