2 de febrero 2011 - 00:00

Hoy, unanimidad; mañana, divergencias

El Cairo - Ancianos, jóvenes, activistas de izquierda e islamistas; todos ellos participaron en la marcha multitudinaria de ayer contra el régimen de Hosni Mubarak. Todos ellos sueñan con un Egipto sin Mubarak. Sin embargo, a la hora de plantearse cómo configurar el futuro una vez que el presidente deje el poder, la unidad llega a su fin.

Egipto se encuentra oficialmente desde hace casi 30 años bajo estado de excepción. Se trata del mismo tiempo que el presidente Mubarak lleva en el poder. No obstante, en las últimas tres décadas el país nunca ha vivido una situación de excepción como la de hoy. Cientos de miles de personas acudieron en masa a mediodía a la plaza Tahrir (de la Liberación) para gritar a los cuatro vientos el odio que le profesan al régimen. El ambiente estaba caldeado. La plaza estuvo completamente abarrotada por la multitud que acudió desde las calles colindantes.

«El régimen tiene que salir, después que llegue un Gobierno de transición. Yo quiero liberar al país de la corrupción», dijo Inas Said, que trabaja como directora de Proyectos en una compañía tecnológica. Junto a ella se encontraba, apoyado en un bastón, Ahmed Abdelhalin, un veterano de guerra del conflicto con Israel en 1973. Abdelhalin llevaba la barba larga que caracteriza a los musulmanes extremistas. «Entonces liberamos la Península del Sinaí, hoy nos liberamos a nosotros mismos del dominio de un faraón injusto», aseguró.

Aunque Abdelhalin es profundamente religioso, al igual que la mayoría de los manifestantes que se congregaron para asistir a la «marcha del millón», no pertenece a ningún partido político. «De todos modos no tenemos verdaderos partidos en este país», comentó Inas Said. La Hermandad Musulmana, que aboga por una islamización del Estado (ver nota aparte), no es un partido oficial, ya que hasta ahora los grupos religiosos están prohibidos en Egipto. Pero la Hermandad Musulmana está al menos igual de bien organizada que el Partido Nacional Democrático de Mubarak.

Historia

Eiman Suleiman es miembro de la Hermandad. Tenía apuro por llegar a la manifestación. El abogado de 25 años de la provincia Sharkiya quería hacer historia. Deseaba, según dijo, «estar ahí cuando caiga Mubarak». Por ello lleva una semana en El Cairo y ha sufrido los golpes que le propinó la Policía con sus bastones el miércoles pasado. «Todo eso no importa», explicó. «Estamos dispuestos de cualquier modo a morir como mártires», gritó en la plaza de Talaat Harb. Suleiman saboreaba el momento de la libertad. Disfrutaba con que los tres hombres que tenían aspecto de policías vestidos de civil le echaron miradas de desaprobación.

Mientras las calles alrededor de la plaza Tahrir se llenaban de oponentes a Mubarak, cerca de la zona se formaba una pequeña marcha de manifestantes leales al presidente. «Maldita sea», exclamó uno de ellos. «No se puede cambiar a todo un Gobierno en un día, ¿qué se cree esta gente?», dijo un segundo.

Los manifestantes contra Mubarak, muy superiores en número, intentaban organizarse. Una mujer joven con un pañuelo rojo en la cabeza se paseaba entre la multitud y exclamaba: «Nos quedaremos aquí en la plaza. No intentaremos marchar por la ciudad porque si no los enemigos pueden mezclarse entre nosotros y desatar disturbios, y entonces la situación se pondría peligrosa». Pero no lograba convencer a todos los manifestantes. Algunos de ellos aseguraban que querían marchar hacia algunos de los palacios de la ciudad.

En otras partes de El Cairo la vida transcurría con relativa normalidad. Cerca de la Bolsa, que lleva cerrada varios días, imperaba un silencio fantasmal. En algunas de las pocas cafeterías que todavía estaban abiertas, se podía ver sentados a hombres y mujeres jóvenes. Estaban bien vestidos y casi todos hablaban ininterrumpidamente por sus teléfonos móviles.

Vendedores

Dos calles más allá tenderos ambulantes vendían fruta y verdura. Apenas quedan leche y yogures que pudieran comprarse. Cuando una chica joven llegó con pan árabe, dos decenas de personas se lanzaron en unos pocos segundos a comprarle la mercadería. Y es que el pan, al igual que la nafta, se han convertido en estos días en bienes escasos.

Al otro lado del Nilo, en el barrio burgués de Zamalek, un grupo de hombres jóvenes aprovechaba que los soldados y la Policía estaban entretenidos con la manifestación. Robaban ropa de un negocio. Tres de ellos estaban sobre el techo de un minibús. Llenaban sus maletas baratas, amarradas al portaequipaje del vehículo, de remeras, pantalones, faldas y blusas. Los jóvenes no se sentían responsables del comienzo de una nueva era que se está fraguando en Egipto.

Agencia DPA

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