“Humordazada”: sorpresas de una actriz estupenda

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«Humordazada» de y por V. Kamenet. Esp. esc. y luz: M. Wolf. Vest.: P. Vergottini. Realizac. sonido: C. Favieri. (Teatro La Comedia - Sala 2).

Valeria Kamenet tiene el don de crear personajes de muy diverso calibre (por edad, temperamento, condición sexual, status social, etcétera) y esa sola característica hace que el público permanezca atento como ante una caja de sorpresas.

El unipersonal de humor es uno de los géneros más exigentes para un actor, y quizás lo sea aún más para una actriz que debe aceptar el desafío de abandonar los roles femeninos tradicionales para encarar personajes que bordean el ridículo, la locura, lo siniestro o bien pertenecen al género masculino, rasgo aún más difícil de resolver en términos de comicidad.

En la Argentina, el travestismo humorístico fue cultivado, en general, por hombres; pero de tanto en tanto, aparece alguna actriz como Kamenet, que logra meterse en la piel de un hombre con notable credibilidad y hacerlo partícipe de situaciones que mueven a risa porque exacerban ciertos datos y mecanismos de la realidad.

El jefe de la escuela de «Barrabravismo» es un muchachote marginal que seduce a la platea con sus ocurrencias mientras da curso a las más violentas instrucciones con una paciencia infinita, digna de una clase de yoga.

Kamenet suele estructurar a sus criaturas en base a contrastes muy marcados. Así «La nena» (otra de sus composiciones más notables) relata con total ingenuidad, las espeluznantes actividades de sus padres, involucrados en el tráfico de órganos. Mientras que otros personajes (como la novia abandonada en el altar) quedan fijos en una situación que les permite comentar -y sobre todo ridiculizar- los roles, prejuicios y costumbres de nuestra sociedad.

Kamenet se multiplica en el escenario, va de un personaje a otro sin descanso ni respiro. Hay algo excesivo en esta entrega apasionada. El público, seguramente, se contentaría con mucho menos, dado que algunos sketchs (la ministra, Dorita, la vedette) no aportan más que una buena caricatura y estiran innecesariamente el show.

El último cuadro tiene de protagonista a la abuela. Una encantadora anciana, muy diferente a la que interpreta Antonio Gasalla, pero tan irreverente y deslenguada como aquella. Su interacción con la platea es brillante y nadie se siente incómodo con a sus intervenciones. Todo lo contrario, jóvenes y maduros festejan las salidas de esta jubilada que habla de sexo sin ningún pudor y que conmueve con su vigorosa ancianidad.

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