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“Humus”: inventario íntimo de Garnica en el Museo Yrurtia
Uno de los dibujos que integran «Humus», la muestra en la que Jorge Garnica, desde un movimiento minimalista, llega a representar sus primeras impresiones con el arte.
Jorge Garnica (1956) ha dicho que las obras de su serie «Estudios apócrifos», presentada en 1994, querían aportar al debate acerca de «nuestra identidad regional», por medio de una «iconografía vinculada, de manera cierta, con las realidades de la América Latina». En cuanto a este aporte, agregaba, había sido elaborado «desde la experiencia y la reflexión personales.»
El debate sobre las identidades es tan antiguo como la filosofía, que desde sus comienzos separó de dos modos, opuestos y a la vez complementarios: la identidad metafísica y la identidad lógica. Aristóteles dio, de la primera, una definición que puede servirnos en el caso de la serie de Garnica, al sostener que se trata de «la unidad de una multiplicidad de seres». Pero nuestro artista no aspira a la metafísica ni a la lógica: su enfoque es cultural y se circunscribe a un ámbito geopolítico y geohistórico, el iberoamericano. En todo caso, en el territorio de la metafísica como en el de la cultura,
«Identidad» y «realidad» son dos polos inescindibles, lo cual no supone tomarlos como conceptos equivalentes o sinónimos. El propio Garnica lo aclara, al señalar que su contribución al tema parte de las realidades de la América latina, un término -curiosamente- de origen francés.
Garnica, casi un autodidacta, había iniciado una aproximación al caso de las identidades en su primera etapa, cerrada en 1990, con su muestra «Dibujos de Buenos Aires». Aunque la propuesta plástica estaba supeditada entonces al análisis y ruptura de los elementos formales de la realización de la obra, Garnica, según él mismo lo entiende, llegó a esbozar una especie de «realismo mágico», al ampararse en su historia personal y su relación con la ciudad donde nació.
En estos «Dibujos de Buenos Aires», que parecen mezclar o yuxtaponer, en clave propia del artista, algunos códigos de la historieta con el estilo ingenuo de los antiguos cromos populares, Garnica pasa revista a los hábitos, mitos, superposiciones y quimera de ciertos sectores sociales urbanos en obras abigarradas y mordaces donde asomaba ya su intención surreal, que ha de afianzarse en las etapas siguientes.
Hacia 1991, Garnica se lanza a desarticular el sistema compositivo desarrollado y a indagar la obra de Joseph Beuys, el gran artista alemán y uno de los creadores del Arte Conceptual; así como Xul Solar, el fundador de la Cultura de lo Surreal en América, y Joaquín Torres García, heraldo de la Cultura de lo Racional en nuestro continente, entre nosotros.
Todo esto ocurría en las vísperas de la controvertida celebración del quinto Centenario del Descubrimiento de América, y Garnica, resuelto a ofrecer su testimonio, comenzó a trabajar en los «Estudios Apócrifos».
Si ahondamos en la etimología de las palabras «estudios apócrifos» descubriremos una segunda acepción, studium, en latín quiere decir «pasión», «desvelo», y apokruphos, en griego, es «mantener algo en secreto». Las pinturas y los dibujos de Garnica serían así productos de su desvelo por hallar el secreto de nuestra identidad americana. Pasión de artista pero también de hombre, de hombre regional.
En las láminas de América que son de dibujos sobre cartón y papel, hechos a lápiz, tinta y pastel, las obras de esta serie citan la retórica de los medios gráficos (historietas de divulgación científica), de las enciclopedias y diccionarios por entregas (tan habituales hoy en los grandes diarios), y de las revistas especializadas en la popularización del conocimiento académico.
Garnica se apropia de la lengua visual de estos transmisores y establece con ella, deformándola, una suerte de historia natural autónoma, dispar, (si no disparatada), de la Argentina. Pero estos dibujos suponen, también, una libreta de apuntes cuyas hojas, separadas, son exhibidas en desorden, una alusión quizás irónica al orden de los fascículos que integran las enciclopedias y diccionarios difundidos por la prensa.
Garnica ha dicho que estas parodias de las «láminas dialécticas» se basaron sobre evocaciones personales, sobre los recuerdos de «esa patria que es la infancia», porque «en mi relación con la tierra y la marginación suburbana creo haber encontrado la clave del objeto de mi producción artística».
Es que en los «Estudios apócrifos» son obra de arte en sí mismas, y su contribución al debate sobre la identidad regional latinoamericana se constituye, pues, a través de los significados esotéricos que Garnica deriva de sus anotaciones científicas (manuscritas y dibujadas). De ahí al imperio del signo no había sino un paso, y Garnica, incitado por sus afinidades con Xul Solar y su «obsesión por alegar sobre lo impresentable» (así denomina a Lyotard a la función del arte de hoy, porque no nos toca, dice, ofrecer la realidad sino inventar alusiones a lo concebible que no puede ser presentado), de ese paso con las obras que comienza a ejecutar. Para finalizar, como lo expresa el importantísimo artista Luis Felipe «Yuyo» Noé, que habla sobre Garnica a manera de un poeta mudo: «Como si fuesen poesías para la gente de gran sensibilidad pero analfabeta, Jorge Garnica en su serie Humus, inventa un código de comunicación visual de la misma manera que Giotto contaba la vida de Cristo y de San Francisco a los campesinos iletrados del trecento. No es que Garnica tenga en cuenta ese público pero es que su obra dice y llega por vía sensitiva como si el ojo contase a la piel relatos de la vida sensorial y ésta se lo respondiese con su propia experiencia».


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