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Iglesias Illa: “La ficción es otra forma de decir la verdad”
Para el autor de «Miami. Turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina», Miami «es una especie de Far West, un lugar hospitalario, donde se puede empezar de nuevo, dejar atrás el pasado, borrarse y reinventarse».
Periodista: Trabajando tanto en periodismo de investigación como en ficción, ¿cuál de esos géneros siente que privilegió para hablar de Miami?
Hernán Iglesias Illa: Al ser un libro que brotó espontáneamente, fueron apareciendo esas dos formas de contar casi naturalmente, según la información que tenía que dar. Si bien vivo en Estados Unidos, no había ido a Miami, pero ya tenía una idea de cómo era o, mejor, cómo creía que era, una imagen de lo que fue Miami en los 90 para algunos argentinos. Estar en Miami me empezó a revelar una ciudad que tenía algo que ver con los prejuicios que tenía, pero también con una nueva ciudad, más interesante, más compleja y más viva de lo que pensaba. «Miami, turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina» es el reconocimiento que hice de ese territorio. Busco que los lectores tengan una visión diferente de Miami, más robusta y más intensa. En ese sentido, ponerme como guía me sirvió de recurso para hacer una «narrativa de descubrimiento».
P.: Algunos premios Nobel de Literatura han trabajado como uno de los aspectos de su obra una literatura de viaje y destinos.
H.I.I.: Caso concreto, Orhan Pamuk y V.S. Naipaul, pero desde el comienzo de la escritura se vienen contando viajes.
P.: Usted es el narrador testigo, pero cada tanto surge alguien que se vuelve protagonista, ¿eso lo buscó como periodista?
H.I.I.: Hay encuentros que se pueden buscar, otros se dan de modo mágico, uno se siente parte de una novela de Paul Auster donde un encuentro casual ilumina algo o hace entrar en una trama impensada. Eso no ocurre habitualmente; en la mayoría de los casos no se da esa chispa. Hablé con montones de personas que no me resultaron útiles. En el libro aparecen bastantes, son sólo las mejores.
P.: Usted da testimonio de libros que hasta tienen una visión opuesta a la suya, pero le permitieron pensar su «Miami».
H.I.I.: En 1987, lo que es hasta cierto punto gracioso, se publicaron en Estados Unidos tres libros sobre Miami, que se volvieron muy famosos. Creo que aparecieron, que hubo interés editorial, debido al enorme éxito de la serie de televisión «División Miami», y el exilio cubano. Aparecieron el «Miami» de la escritora de no ficción y de novelas Joan Didion, que tuvo adelantos en «The New York Review of Books»; «Going to Miami» («Yendo a Miami») de David Rieff, un escritor menos conocido. Y «Miami: City of the future» («Miami: ciudad del futuro») de T.D. Allman, que viajó durante todo un año a Miami para escribir crónicas para la revista «The New Yorker». Allman armó su «Miami» con esas crónicas y terminó siendo el libro más vendido, y el que mejor resistió 20 años de pronósticos errados y cambios de dirección. Mientras Didion sostenía que Miami era una caverna sombría y peligrosa donde lobos cubanos perseguían a caperucitas gringas. Según un escritor amigo: lo escribió desde el aeropuerto. Yo me identifiqué con el libro de Rieff, porque si bien no está bien escrito, lo escribió a la misma edad que yo escribí mi libro, y es una obra que parece sacudir a Miami para conseguir hacerle escupir su esencia.
P.: Usted ha confesado que la obra que lo impulsó a escribir fue la de la escritora Joan Didión.
H.I.I.: Es que es una obra durísima, y cuando la leía pensaba: qué interesante escribir así, ensañarse, observar con crudeza una realidad que tenía que ver con que Miami había sido tomada por los cubanos y se había convertido en una cuña del Tercer Mundo en Estados Unidos. Hoy todo Estados Unidos es un poco como Miami. Hay inmigración, poder latino, comunidad gay, globalización. Pero en ese momento eso no era muy común.
P.: El crecimiento de latinos llevó al pánico a Samuel Huntington, como lo mostró en su libro «¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense».
H.I.I.: Huntington murió a fines de 2008 y su pronóstico agorero no se cumple. La cultura latina se está fusionando con la estadounidense y no pasa nada. Muchos tienen apellidos latinos y son muy gringos. Muchos no hablan en español en público porque eso aún tiene como un estigma. En Miami es todo lo contrario, el español es el idioma en paridad con el inglés, nadie se va a hacer más canchero por hablar en inglés.
P.: ¿En qué capítulo considera que da su aporte más personal?
H.I.I.: En «Escape al paraíso», donde digo que Miami es una especie de Far West, donde se puede empezar de nuevo, dejar atrás el pasado, un matrimonio, una vida aburrida, fracasos. Tiene allí un lugar hospitalario donde borrarse y reinventarse. A los aventureros le viene bien que Miami no pregunta por el pasado, quién es uno, con quién fue a la universidad. Todo es muy líquido, no hay familias tradicionales y un fuerte establishment, el único era el del «Miami Herald», y cómo todos los diarios de Estados Unidos ha perdido influencia. Es una ciudad porosa que atrae a gente que quiere probar suerte, emprendedores, y por eso hay allí una especie de «fiebre del oro» que ha hecho que cambie tanto en los últimos años.
P.: Lo de «un lugar para reinventarse» se parece al cuento que escribió para la antología «Los días que vivimos en peligro».
H.I.I.: Me tocó escribir sobre Nueva York, y conté de un argentino que trabaja en la Torres y logra sobrevivir, y decide darse por muerto y comenzar una nueva vida como obrero de la construcción en otra ciudad. Mucha gente me pregunta si es un caso que conocí como periodista. No es «nuevo periodismo» es pura ficción.
P.: ¿Dónde sintió más evidente el cambio de Miami?
H.I.I.: Dejó de ser la panacea de los retirados. Un símbolo de Miami es South Beach que hasta mediados de los 90 era una zona de hotelitos enclenques donde vivían jubilados sobrevivientes del Holocausto, y después se sumaron los cubanos del exilio. Un lugar peligroso con mucho crimen, droga y callejeras, un emblema de la decadencia. En 10 años se convirtió en el barrio Art Deco, el lugar de moda y de la moda. Esa transformación de South Beach se irradió al resto de la ciudad, y apareció una vida urbana intensa. Se volvió un lugar que más que para veranear es para vivir. Tiene una buena vida cultural, aunque la gente no está habituada y aún no llena las salas de teatro, las extraordinarias nuevas salas de ópera y conciertos.
P.: ¿Por qué decidió con-tar Miami en primera persona?
H.I.I.: Hay quienes piensan que es una actitud narcisista, a mí me parece humilde y honesta, porque cuando presento las historias, los hechos y las ideas sobre Miami siempre queda en claro que son mís opiniones. Cuando se usa la jerga académica, en tercera persona, pareciera que se está convencido de que lo que se dice es la verdad, que uno presenta la realidad tal cual es, y no creo que sea así, uno termina dando su propia visión. Acaso residir en Estados Unidos me llevó al uso del yo sin narcisismos, con naturalidad, con esos trucos del oficio que los gringos dominan tan bien. Curiosamente eso me llevó a volver a la ficción que es otra forma de decir la verdad.
Entrevista de Máximo Soto


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