"Por vías diferentes", dice a este diario Ileana Hochmann, artista argentina de extensa y prestigiosa trayectoria, la que desarrolló gran parte de su vida en el Brasil "con Andrea Moccio veníamos trabajando en búsquedas coincidentes, y seguramente fue ese detalle lo que inspiró a las curadoras de la muestra, Patricia Naftulewicz, Clara Ortega y Graciela Poletti, a convocarnos juntas".
Ambas exponen de manera contrapuntística: en el caso de Moccio, el contemplador observa una especie de nube en el suelo, que de alguna forma remite a la idea de nube digital. Sobre ella, de manera aérea, se encuentra el trabajo de Hochmann, que combina metal con papel. "Para mí, dice, "el elemento humorístico nunca puede estar ausente, aun cuando se trate, como en este caso, de una exposición rigurosamente conceptual. Así, en mi instalación he tendido como una red de gallinero desenrrollada, sobre la que interactúan objetos realizados en papel. Son objetos bidimensionales que, después de mojarlos, adquieren la forma tridimensional".
En ese juego conceptual, agrega Hochmann, hay "una foto de fondo negro, nudos que se atan y desatan, y proyectan luces y sombras sobre el suelo, donde está la nube de Andrea. Pero no creo que se trate estrictamente de un diálogo entre ambas muestras, sino un trabajo conjunto, sumamente gráfico, que se abre, de acuerdo con el contemplador, a las más diversas interpretaciones".
Hochmann expresa de este modo su amor desde siempre por el papel, como lugar material privilegiado de la expresión y la memoria: "Yo provengo de una familia de judíos rusos que vinieron desde Odessa. Mi abuelo fue un escritor que escribía los libros a mano. En esos libros dejaba testimonio de parábolas judías y las interpretaciones que él hacía de ellas. Para mí, esos libros de mi abuelo, las páginas en las que fueron escritos, fueron fundamentales en mi vida".
Y completa citando al crítico brasileño Márcio Doctor, cuya teoría sobre el "fuego negro y el fuego blanco" influyó, reconoce Hochmann, en la arquitectura conceptual de su trabajo. "Mi muestra actual tiene mucho que ver con esa idea de ambos fuegos. El fuego negro es la palabra escrita, la inscripción material, en cambio el fuego blanco no es el silencio estrictamente, sino el espacio que hay entre una y otra palabra. Ese espacio es el que le proporciona el sentido final a la expresión escrita; sin ese fuego, la palabra carecería de matiz, cuando no de significación. La red hace ruido, la red no deja espacio para el silencio, y por eso es tan importante dar con ese espacio. Ese juego entre ambos fuegos es rico porque está abierto a los más distintos pareceres".
La artista ejemplifica con algunas opiniones de contempladores que han visitado hasta ahora "Colgados de la red": "Uno me dijo que vio algo mórbido. Otro vio un alfabeto en blanco y negro".
Hochmann estudió en el Museo de Arte Moderna y en la Escuela de Artes Visuales de Rio, y se perfeccionó en los talleres de destacados maestros como Ivan Serpa, Federico de Moraes, Evany Cardoso y Fernando Cocchiarale entre otros.
| M.Z. |


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